domingo

"La islamofobia crece en Europa" por Javier Sáez.

A partir del atentado a la revista parisina Charlie Hebdo, se incrementó la discriminación hacia los musulmanes, que son usados como excusa de los males que vive el viejo continente.



En los últimos meses, tras el atentado a los periodistas de Charlie Hebdo y la detención de algunos yihadistas en diversos países europeos, vuelven a escucharse en los foros políticos frases como “la amenaza del Islam”, “el conflicto Oriente-Occidente”, “ellos contra nosotros”, “los bárbaros que amenazan nuestros valores”, donde se identifica sistemáticamente a los creyentes musulmanes con el radicalismo, el terrorismo y el fanatismo integrista islámico.
La islamofobia que recorre Europa tiene un presupuesto de fondo profundamente racista, algo que no se explicita pero que está en la sombra de sus planteamientos. Europa sería una especie de entidad estable y homogénea, casi eterna, con una serie de valores “propios” vinculados al cristianismo (la civilización) y –sin que esto se diga de forma explícita– cuna de una raza blanca “autóctona” que se ve amenazada por otras etnias y creencias “extranjeras”.
Aunque se suele señalar el 11-S como uno de los momentos cruciales en el ascenso de la islamofobia en Europa y en EE.UU., el rechazo a los musulmanes es algo que está presente en Europa a lo largo de toda su historia. La islamofobia hunde sus raíces en ese proyecto de homogeneización social, cultural, étnica, sexual y religiosa que está en los orígenes del proyecto europeo: desde las expulsiones de judíos en España a finales del siglo XV y moriscos en el XVII, hasta las numerosas persecuciones contra los gitanos en toda Europa (que llegaron a legalizar su esclavitud en Rumanía y Moldavia), pasando por los pogromos antisemitas en numerosos países, y por la persecución y quema de los sodomitas y de las “brujas” (en realidad, mujeres libres e independientes).
Vemos desplegarse en esos siglos por toda Europa una serie de prácticas represivas intolerantes que buscan la homogeneización. Este proceso se agrava con la aparición de los Estados nación, que consolidan esa visión monolítica y uniforme de la sociedad. El islam es construido ya desde la Edad Media como lo otro, esa otredad que amenaza una mítica pureza blanca y cristiana europea.
Aunque la religión musulmana es una parte central de las culturas europeas desde hace trece siglos, los procesos de escritura de la historia intentan borrar una y otra vez su legado y su influencia. La religión musulmana es descrita como extranjera, ajena, exterior, oriental, exótica, bárbara, es “el otro”. Y en paralelo se construye el mito del cristianismo como la religión de “los europeos”.
De hecho, vemos hoy en día intentos de este tipo en algunos países europeos como Hungría, que en 2011 aprobó una Constitución que consagraba el catolicismo como religión del país; o el caso del dictador Franco en España, que impuso esta misma religión durante cuarenta años. Los millones de musulmanes que hay en los países balcánicos y en otros países de Europa desde hace muchos siglos son silenciados sistemáticamente en la representación cultural. Eso no es Europa. Esos no son “nuestros” valores. Eso nos recuerda a la perspectiva que aún se tiene a veces sobre los gitanos: aunque son ciudadanos tan europeos como los payos, aun hoy se les sigue considerando “extranjeros” (“vienen de la India”; como si los payos hubiéramos salido del suelo como los espárragos; los payos no venimos de ninguna parte) y son discriminados sistemáticamente en toda Europa.
Como vemos, la islamofobia institucional ha estado siempre presente en el seno del proyecto europeo. No es algo nuevo. Por eso ha sido fácil reavivar los sentimientos de hostilidad contra los musulmanes en los últimos treinta años, cuando vemos reaparecer fuertes discursos islamófobos en muchos países de Europa y numerosos delitos de odio contra personas musulmanas. El informe de 2006 de la Agencia Europea de Derechos Fundamentales “Muslims in the European Union: Discrimination and Islamophobia” señala que los actos de discriminación contra personas musulmanas son moneda corriente en todos los países de la UE, y alerta sobre el ascenso de delitos y discursos de odio contra estas personas. Los ataques a mezquitas, la quema de viviendas y albergues, la discriminación en el acceso al empleo, los insultos y las agresiones físicas se suceden en muchas ciudades de Europa contra personas musulmanas.
Según el estudio de la ONG británica Runnymede Trust (Islamophobia: a challenge for all us, 1996), la islamofobia tiene al menos ocho características esenciales:
-La creencia de que el islam es un bloque monolítico, estático y refractario al cambio.
-La creencia de que el islam es radicalmente distinto de otras religiones y culturas, con las que no comparte valores y/o influencias.
-La consideración de que el islam es inferior a la cultura occidental: primitivo, irracional, bárbaro y sexista.
-La idea de que el islam es, per se, violento y hostil, propenso al racismo y al choque de civilizaciones.
-La idea de que en el islam, la ideología política y la religión están íntimamente unidos.
-El rechazo global a las críticas a Occidente formuladas desde ámbitos musulmanes.
-La justificación de prácticas discriminatorias y excluyentes hacia los musulmanes.
-La consideración de dicha hostilidad hacia los musulmanes como algo natural y habitual.
Vemos todos estos rasgos en el movimiento islamófobo más llamativo en la actualidad, PEGIDA (Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente). Desde octubre de 2014 organiza manifestaciones en Dresde y en otras ciudades alemanas en contra de una supuesta “islamización” del país. No es casualidad el claro vínculo de sus participantes y organizadores con la extrema derecha. De hecho la islamofobia es una de las señas de identidad de todos los movimientos ultraderechistas europeos, que aprovechan el descontento social de la crisis para atraer fieles y culpabilizar de la pobreza y del paro a diferentes cabezas de turco: los musulmanes, los inmigrantes, los gitanos.
Falsa defensa de los derechos civiles
Otra vertiente sutil de la islamofobia tiene que ver con la “defensa de los derechos civiles”. Un caso llamativo es el uso de la igualdad entre hombres y mujeres como argumento contra los/as musulmanes/as. En nombre de “la libertad de la mujer” muchos líderes nacionales y locales legislan en contra de que las mujeres puedan usar el velo (pero sin contar con la opinión de las mujeres musulmanas sobre el tema). Otro enfoque parecido es el que tenía el líder ultra holandés Pim Fortuyn, quien, siendo gay, basaba su islamofobia en el argumento de que los musulmanes amenazaban la libertad de las personas lgbt. Esta estrategia de la islamofobia, que se llama homonacionalismo, ha sido analizada por Jasbir Puar en su libro Terrorist Assemblages: considerar a los musulmanes como esencialmente homófobos, es decir, utilizar los derechos de minorías como las personas lgbt para alimentar la islamofobia.
En este contexto, las autoridades europeas y sus políticas actuales de austeridad tienen una responsabilidad que asumir. Aunque formalmente las instituciones europeas protegen los derechos humanos y la igualdad de trato, sus políticas neoliberales han agravado las desigualdades y han desmantelado los estados del bienestar en muchos países europeos. Eso ha creado las condiciones ideales para el ascenso del apoyo social al discurso ultraderechista islamófobo, que usa mensajes simples ante problemas complejos, y que desgraciadamente tienen cada vez más apoyo popular (partidos como Liga Norte, Front National, UKIP, Amanecer Dorado, Jobbik, y miles de grupos y webs neonazis a las que los servicios policiales y de justicia deberían prestar mucha más atención). Por otra parte, las duras políticas antiinmigración que mantiene la Unión Europea y los discursos de algunos de sus líderes, presentan la idea de una Europa-bastión que debe “resistir” los asedios de ese “otro” que intenta entrar en Europa por la valla de Melilla o en los numerosos barcos de refugiados que naufragan cada semana en el Mediterráneo.
A menudo se identifica a estos refugiados con “terroristas yihadistas” como hizo de forma irresponsable el ministro del Interior español recientemente. Por eso, no basta con condenar de forma abstracta la islamofobia. Las instituciones europeas y sus Estados deben cambiar sus políticas sociales y económicas; sólo Estados más solidarios capaces de reducir la pobreza lograrán que no aumente el apoyo popular a los grupos y partidos islamófobos. Sólo reconociendo esa conexión estructural podremos detener el ascenso de la extrema derecha y la repetición de una historia que conocemos demasiado bien en Europa.
Sociólogo. Docente universitario. Ex relator sobre discriminación a pueblos gitanos del Consejo de Europa. Creador de la página www.hartza.com
Artículo compartido de Diario Contexto.

miércoles

Entrevista a Judith Butler

Judith Butler

—En qué momento está el feminismo norteamericano?
—Necesita establecer alianzas globales.
—¿Alianzas con quién? 
—Hay que dejar de pensar en el feminismo como algo que pertenece a las mujeres en entornos urbanos del mundo occidental.
—¿Alianzas con mujeres de otras culturas? 
—Sí, con mujeres en situaciones globales muy diversas. Y es importante que el feminismo se siga estructurando como una lucha contra la violencia, tanto la de género como la de la guerra. Y también me parece importante que el feminismo establezca alianzas con las minorías sexuales.
—¿Por qué mezclar guerra y feminismo? 
—Porque es sintomático que Bush declarara que la guerra en Afganistán se hacía para liberar a las mujeres afganas.
—¿Ha fracasado el feminismo del siglo XX? 
—Yo tengo una visión positiva. La progresión ha sido desigual, pero claramente podemos ver que hay mejores salarios y condiciones de trabajo para las mujeres. Y en buena parte del contexto global las mujeres tienen más participación en la decisión política.
—Sea autocrítica. 
—Algunas formas de pensar feministas eran demasiado rígidas, pensaban en el hombre como el opresor y en la mujer como víctima.
—¿No se corresponde a la realidad? 
—No, el feminismo que atrae a las nuevas generaciones es el que acentúa la libertad y el poder más que la victimización. El feminismo necesita un discurso afirmativo y, sobre todo, cuestionar lo que significa ser mujer y ser hombre.
¿No estamos definidos por la biología?
No, la biología es importante pero el género se construye de diferentes maneras en diferentes culturas, y lo que es más interesante es que cada una de esas construcciones se piensa a sí misma como natural. Hoy sabemos que no hay un único patrón con respecto a lo que significa ser hombre o ser mujer.
—¿Entonces? 
—Mi propuesta es que pongamos en cuestión la estigmatización con la que se carga a las personas que no corresponden con la norma de género y sexual.
—Usted se refiere al diferente, no a lo femenino.
—Incluso las mujeres que aparecen como muy femeninas tienen que luchar cada día para defender esa feminidad, tienen que maquillarse, arreglarse, controlar sus andares… Todos esos gestos son parte de lo que construye el género en la vida cotidiana.
—Pero igual es un placer, un juego.
—Aun así sufren la ansiedad o el miedo de no responder a ese tipo de construcción.
—Todos representamos un papel, una suma de roles.
—Propongo que esos modelos sociales acepten estilos singulares. Simone de Beauvoir decía que no se nace mujer sino que se deviene mujer. Si uno se puede convertir en una mujer, ¿es posible convertirse en algo que no sea una mujer?
—¿?
—El feminismo siempre se ha interesado por cuál es la versión de lo femenino a la que se debe llegar, necesitamos nociones de género más amplias que permitan que las personas puedan vivir de manera más abierta.
—Pues el 90% de las adolescentes de su país piden como regalo de graduación una operación de pechos.
—Eso muestra precisamente que muchas jóvenes tienen ansiedad con respecto a sus posibles carencias para incorporar las normas de feminidad. Pero coexisten también movimientos de juventud que cuestionan las normas de género.
—¿Cuál es su propuesta para ellas? 
—Ofrecer una filosofía de la libertad. Lo importante es dirigirnos al deseo que todos tenemos de aceptar la complejidad del otro, de lo diferente. Algo que aparece después de esa primera sensación de rechazo que devienen de nuestros estereotipos.
En España mueren asesinadas por sus compañeros casi dos mujeres a la semana.
—Por eso insisto en que el feminismo necesita ser afirmativo y salir de la victimización, que esas mujeres adquieran capacidad de actuar y de resistir esos modelos de feminidad, por ejemplo, aprendiendo técnicas de autodefensa.
Ahora me ha sorprendido.
—Puede parecer muy banal, pero se trata de un feminismo no victimizante que insiste en la capacidad que tienen las mujeres en resistir los modelos de género. Y también creo en el aprendizaje y la lectura como medio para salir del espacio doméstico y de las normas; creo en las estrategias de desarrollo de poder personal.
Vida sacrificada
Cuando le pregunta a su hijo si ha sido difícil crecer con dos madres, él le responde que no, que lo difícil ha sido crecer con dos profesoras. Butler, que ha dirigido un seminario en el MACBA, es una de las más destacadas pensadoras feministas estadounidenses, la autora más referenciada en la literatura feminista actual. Para ella género, sexo y sexualidad se producen culturalmente a través de acciones repetidas dentro de un discurso regulador. Refuta la idea de que el sexo sea el que dé origen al género. Sexo y sexualidad, lejos de ser algo natural, son algo construido. Apela al feminismo de la multidiferencia y propone una pregunta para las mujeres: ¿seguiría siendo una mujer si no viviera esta vida sacrificada?

Entrevista realizada por Ima Sanchís y publicada en La Vanguardia el 19 Agosto de 2007.

lunes

"Las cinco estrategias del capitalismo contra los movimientos sociales" por Silvia Federici

Nombrar lo intolerable: la acumulación primitiva y la reestructuración de la reproducción

Silvia Federici
La reestructuración de la economía mundial ha adoptado cinco estrategias básicas para dar respuesta al ciclo de luchas sociales que entre los años sesenta y los setenta transformaron la organización de la reproducción y las relaciones de clase. Primero, se ha producido una expansión del mercado de trabajo. La globalización ha producido un salto histórico en el tamaño del mundo proletario, tanto mediante un proceso global de «cercamiento» que ha provocado la separación de millones de personas de sus tierras, sus trabajos y sus «derechos consuetudinarios», como mediante el aumento del empleo de las mujeres. No es sorprendente que la globalización se nos aparezca como un proceso de acumulación primitiva, que ha asumido formas variadas. En el Norte, la globalización ha asumido la forma de la deslocalización y la desconcentración industrial, así como de la flexibilización, la precarización laboral y el método Toyota o JIT [Just In Time, «justo a tiempo»].(1) En los antiguos países socialistas, se ha producido la desestatalización de la industria, la descolectivización de la agricultura y la privatización de la riqueza social. En el Sur, hemos sido testigos de la «maquilización» de la producción, la liberalización de las importaciones y las privatizaciones de las tierras. El objetivo, de todas maneras, era el mismo en todas partes. 
Mediante la destrucción de las economías de subsistencia y la separación de los productores de los medios de subsistencia, al provocar la dependencia de ingresos monetarios a millones de personas, incluso a aquellas imposibilitadas para adquirir un trabajo asalariado, la clase capitalista ha relanzado el proceso de acumulación y recortado los costes de la producción laboral. Dos mil millones de personas han sido arrojados al mercado laboral demostrando la falacia de las teorías que defienden que el capitalismo ya no necesita cantidades masivas de trabajo vivo, porque presumiblemente descansa en la creciente automatización del trabajo.
Segundo, la desterritorialización del capital y la financiarización de las actividades económicas, posibilitadas por la «revolución informática», han creado las condiciones económicas por las que la acumulación primitiva se ha convertido en un proceso permanente, mediante el movimiento casi instantáneo del capital a lo largo del planeta, al haber derribado una y otra vez las barreras levantadas contra el capital por la resistencia de los trabajadores a la explotación.
Tercero, hemos sido testigos de la desinversión sistemática que el Estado ha llevado a cabo en la reproducción de la fuerza de trabajo, implementada mediante los programas de ajuste estructural y el desmantelamiento del «Estado de bienestar». Como se ha mencionado anteriormente, las luchas llevadas a cabo durante los años sesenta han enseñado a la clase capitalista que la inversión en la reproducción de la fuerza de trabajo no se traduce necesariamente en una mayor productividad laboral. Como resultado de esto, surgen ciertas políticas y una ideología que resignifica a los trabajadores como microemprendedores, supuestamente responsables de la inversión en ellos mismos y únicos beneficiarios de las actividades reproductivas en ellos materializadas. En consecuencia se ha producido un cambio en los ejes temporales existentes entre reproducción y acumulación. Los trabajadores se ven obligados a hacerse cargo de los costes de su reproducción en la medida en que se han reducido los subsidios en sanidad, educación, pensiones y transporte público, además de sufrir un aumento de los impuestos, con lo que cada articulación de la reproducción de la fuerza de trabajo ha devenido un momento de acumulación inmediata.
Cuarto, la apropiación empresarial y la destrucción de bosques, océanos, aguas, bancos de peces, arrecifes de coral y de especies animales y vegetales han alcanzado un pico histórico. País tras país, de África a las islas del Pacífico, inmensas áreas agrícolas y aguas costeras ―el hogar y los medios de subsistencia de extensas poblaciones― han sido privatizadas y hechas accesibles para la agroindustria, la extracción mineral o la pesca industrial. La globalización ha revelado, sin lugar a dudas, el coste real de la producción capitalista y de la tecnología lo que hace imposible hablar, tal y como Marx hizo en los Grundrisse, de «la gran influencia civilizadora del capital» que surge de su «apropiación universal tanto de la naturaleza como de la relación social misma» donde «la naturaleza se convierte puramente en objeto para el hombre, en cosa puramente útil; cesa de reconocérsele como poder para sí; incluso el reconocimiento teórico de sus leyes autónomas aparece solo como una artimaña para someterla a las necesidades humanas, sea como objeto del consumo, sea como medio de la producción». (2)
En el año 2011, tras el derrame de petróleo de BP y el desastre de Fukushima ―entre otros desastres producidos por los negocios corporativos―, cuando los océanos agonizan, atrapados entre islas de basura, y el espacio se ha convertido en un vertedero además de en un depósito armamentístico, estas palabras no pueden sonar más que como ominosas reverberaciones.
Este desarrollo ha afectado, en diferentes grados, a todas las poblaciones del planeta. Aun así, como mejor se define el Nuevo Orden Mundial es como un proceso de recolonización. Lejos de comprimir el planeta en una red de circuitos interdependientes, lo ha reconstruido como un sistema de estructura piramidal, al aumentar las desigualdades y la polarización social y económica, y al profundizar las jerarquías que históricamente han caracterizado la división sexual e internacional del trabajo, y que se habían visto socavadas gracias a las luchas anticoloniales y feministas.
El centro estratégico de la acumulación primitiva lo ha conformado el mundo colonial, mundo de plantaciones y esclavismo, históricamente el corazón del sistema capitalista. Lo llamo «centro estratégico» porque su reestructuración ha proporcionado los cimientos y las condiciones necesarias para la reorganización global del mercado de trabajo. Ha sido aquí, de hecho, donde hemos sido testigos de los primeros y más radicales procesos de expropiación y pauperización y de la desinversión más ingente del Estado en la fuerza de trabajo. Estos procesos están perfectamente documentados. Desde principios de los años ochenta, como consecuencia de los ajustes estructurales, el desempleo en la mayor parte de los países del «Tercer Mundo» ha crecido tanto que la USAID (3) [Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional] podía reclutar trabajadores ofreciendo tan solo «comida por trabajo». Los salarios han caído de tal manera que se ha comprobado que las trabajadoras de las maquilas tienen que comprar la leche por vasos o los huevos y tomates por unidad. Poblaciones enteras se han visto desmonetarizadas, al mismo tiempo que se les ha arrebatado las tierras para concedérselas a proyectos gubernamentales o a inversores extranjeros. Actualmente, medio continente africano se encuentra bajo emergencia alimentaria (4). En África Oriental, del Níger a Nigeria y hasta Ghana, el suministro de electricidad ha desaparecido, las redes eléctricas nacionales han sido desarticuladas, obligando a aquellos que tienen dinero a comprar generadores individuales cuyo zumbido llena las noches, dificultando el sueño de la gente. La sanidad estatal y los presupuestos de educación, los subsidios a los agricultores, las ayudas para las necesidades básicas, todas ellas han sido desmanteladas, reducidas drásticamente y suprimidas. En consecuencia, la esperanza de vida está descendiendo y han reaparecido fenómenos que se suponía que el capitalismo había borrado de la faz de la tierra hace mucho tiempo: hambrunas, hambre, epidemias recurrentes, incluso la caza de brujas.(5) En aquellos lugares en los que los «planes de austeridad» y la apropiación de tierras no pudieron concluir su tarea, la ha rematado la guerra, abriendo nuevos campos para la extracción de crudo y la recolección de diamantes o coltán. Y en lo que respecta a la población objetivo de esta desposesión, se han convertido en los sujetos de una nueva diáspora, que arroja a millones de personas del campo a las ciudades, que cada vez más se asemejan a campamentos. Mike Davis ha utilizado la frase «planeta de ciudades miseria» en referencia a esta situación, pero una descripción más correcta y vívida hablaría de un planeta de guetos y un régimen de apartheid global.
Si además tenemos en cuenta que, mediante la deuda y el ajuste estructural, los países del «Tercer Mundo» se han visto obligados a desviar la producción alimentaria del mercado doméstico al mercado de exportación, convertir tierras arables y cultivables para el consumo humano en terrenos de extracción mineral, deforestar tierras, y convertirse en vertederos de todo tipo de desechos así como en campo de depredación para las corporaciones cazadoras de genes,(6) entonces, debemos concluir que, en los planes del capital internacional, existen zonas del planeta destinadas a una «reproducción cercana a cero». De hecho, la destrucción de la vida en todas sus formas es hoy tan importante como la fuerza productiva del biopoder en la estructuración de las relaciones capitalistas, destrucción dirigida a adquirir materias primas, «desacumular» trabajadores no deseados, debilitar la resistencia y disminuir los costes de la producción laboral.
Hasta qué punto ha llegado el subdesarrollo de la reproducción de la fuerza de trabajo mundial se refleja en los millones de personas que frente a la necesidad de emigrar se arriesgan a dificultades indecibles y a la perspectiva de la muerte y el encarcelamiento. Ciertamente la migración no es tan solo una necesidad, sino también un éxodo hacia niveles más altos de resistencia, un camino hacia la reapropiación de la riqueza robada, como argumentan Yann Moulier Boutang, Dimitris Papadopoulos y otros autores (7). Esta es la razón por la que la migración ha adquirido un carácter tan autónomo que dificulta su utilización como mecanismo regulador de la reestructuración del mercado laboral. Pero no hay duda alguna de que si millones de personas abandonan su país hacia un destino incierto, a cientos de kilómetros de sus hogares, es porque no pueden reproducirse por sí mismas, al menos no bajo las condiciones necesarias. Esto se hace especialmente evidente cuando consideramos que la mitad de los migrantes son mujeres, muchas con hijos que deben dejar atrás. Desde un punto de vista histórico esta práctica es altamente inusual. Las mujeres son habitualmente las que se quedan, y no debido a falta de iniciativa o por impedimentos tradicionalistas, sino porque son aquellas a las que se ha hecho sentir más responsables de la reproducción de sus familias. Son las que deben garantizar que sus hijos tengan comida, a menudo quedándose ellas mismas sin comer, y las que se cercioran de que los ancianos y los enfermos reciben cuidados. Por eso cuando cientos de miles de ellas abandonan sus hogares para enfrentarse a años de humillaciones y aislamiento, viviendo con la angustia de no ser capaces de proporcionarles a sus seres queridos los mismos cuidados que les dan a extraños en otras partes del mundo, sabemos que algo dramático está sucediendo en la organización del mundo reproductivo.
Debemos rechazar, de todas maneras, la afirmación de que la indiferencia de la clase capitalista internacional frente a la pérdida de vidas que produce el capitalismo es una prueba de que el capital ya no necesita el trabajo vivo. Más cuando en realidad la destrucción a gran escala de la vida ha sido un componente estructural del capitalismo desde sus inicios, como necesaria contrapartida a la acumulación de la fuerza de trabajo, acumulación que inevitablemente supone un proceso violento. La recurrente «crisis reproductiva» de la que hemos sido testigos en África durante las últimas décadas se encuentra enraizada en esta dialéctica de acumulación y destrucción de trabajo. También la expansión del trabajo no contractual y otros fenómenos que deberían ser considerados como abominaciones en un «mundo moderno» ―como las encarcelaciones masivas, el tráfico de sangre, órganos y otras partes del cuerpo humano― deben ser leídas dentro de este contexto.
El capitalismo promueve una crisis reproductiva permanente. Si esto no ha sido más visible en nuestras vidas, por lo menos en muchas partes del Norte Global, es porque las catástrofes humanas que ha causado han sido en su mayor parte externalizadas, confinadas a las colonias y racionalizadas como un efecto de una cultura retrógrada o un apego a tradiciones erróneas y «tribales». Sobre todo durante la mayor parte de los años ochenta y noventa, los efectos de la reestructuración global apenas se notaron en el Norte, excepto dentro de las comunidades de color, o bien se presentaron como alternativas liberadoras frente a la regimentación de la rutina de 9 a 17, si no anticipaciones de una sociedad sin trabajadores.
Pero observado desde el punto de vista de la totalidad de las relaciones capital-trabajo, este desarrollo demuestra el esfuerzo continuo del capital de dispersar a los trabajadores y de minar los esfuerzos organizativos de los obreros dentro de los lugares de trabajo. Combinadas, estas tendencias han abolido los contratos sociales, desregulado las relaciones laborales, reintroducido modelos laborales no contractuales destruyendo no solo los resquicios de comunismo que las luchas obreras habían logrado sino amenazando también la creación de los nuevos comunes.
También en el Norte, los ingresos reales y las tasas de empleo han caído, el acceso a la tierra y a los espacios urbanos ha disminuido, y el empobrecimiento e incluso el hambre se han extendido. Treinta y siete millones de personas en Estados Unidos pasan hambre, mientras que el 50 % de la población norteamericana, según un estudio de 2011 pertenece al segmento de población de «bajos ingresos». Añadamos a esto que la introducción de la tecnología, supuestamente diseñada para ahorrar tiempo, lejos de reducir la duración de la jornada laboral la ha extendido hasta el punto de que en algunos países como Japón se han vuelto a ver personas muriendo por exceso de trabajo, mientras que el tiempo de ocio y la jubilación se han convertido en un lujo. El pluriempleo es, hoy en día, una actividad necesaria para muchos trabajadores en Estados Unidos, mientras que personas de sesenta a setenta años, viendo que les han retirado las pensiones, están regresando al mercado de trabajo. Aún más significativo es el hecho de que estemos siendo testigos del desarrollo de una fuerza de trabajo vagabunda, itinerante, compelida al nomadismo, siempre en movimiento, en camiones, tráileres, autobuses, buscando trabajo allá donde aparezca una oportunidad, un destino que antes se reservaba en Estados Unidos solo a los temporeros que recogían las cosechas de los cultivos industriales, cruzando el país como pájaros migratorios.
Junto con el empobrecimiento, el desempleo, las horas extras, el número de personas sin hogar y la deuda, se ha producido un incremento de la criminalización de la clase trabajadora, mediante una política de encarcelamiento masivo de la clase obrera que recuerda al Gran Encierro del siglo XVII, (8) y la formación de un proletariado ex-lege, constituido por inmigrantes indocumentados, estudiantes que no pueden pagar sus créditos, productores o vendedores de mercancías ilícitas, trabajadoras del sexo. Es una multitud de proletarios, que existen y trabajan en las sombras, que nos recuerda que la producción de poblaciones sin derechos ―esclavos, sirvientes sin contrato, peones, convictos, sans papiers― permanece como una necesidad estructural de la acumulación capitalista.
Especialmente crudo ha sido el ataque producido sobre la juventud, particularmente sobre la de la clase trabajadora negra, potenciales herederos del Black Power, a los que nada les ha sido concedido, ni siquiera la posibilidad de un empleo seguro o del acceso a la educación. Sin embargo también para muchos jóvenes de clase media su futuro está en duda. La educación se consigue a un alto precio, provoca endeudamiento y la probable imposibilidad de devolución de los créditos estudiantiles. La competición por el empleo es dura, y las relaciones sociales son cada vez más estériles ya que la inestabilidad impide la construcción comunitaria. No sorprende pues que, entre las consecuencias sociales de la reestructuración de la reproducción, haya habido un incremento del número de suicidios juveniles, así como un repunte de la violencia contra las mujeres y los niños, incluyendo el infanticidio. Es imposible, entonces, compartir el optimismo de aquellos que, como Negri y Hardt, han argumentado en los últimos años que las nuevas formas de producción creadas por la reestructuración global de la economía ya proveen la posibilidad de formas más autónomas y más cooperativas de trabajo.
Aun así, el asalto a nuestra reproducción no ha pasado incontestada. La resistencia ha adoptado diferentes formas y muchas de ellas se han mantenido en la sombra hasta que se han convertido en fenómenos de masas. La financiación de todos y cada uno de los aspectos de la vida cotidiana mediante el uso de las tarjetas de crédito, préstamos, endeudamiento, especialmente en Estados Unidos, debe plantearse desde este punto de vista como una respuesta al declive de los salarios y a un rechazo a la austeridad impuesta por ello, más que simplemente un producto de la manipulación financiera. En todo el mundo, está creciendo un movimiento de movimientos, desde los años noventa; este ha desafiado todas y cada una de las facetas de la globalización ―mediante manifestaciones masivas, ocupaciones de tierras, construcción de economías solidarias y de otros métodos de desarrollo de los comunes. Más importante todavía, la reciente expansión de levantamientos masivos prolongados y movimientos en la estela «Occupy», que a lo largo del último año han barrido gran parte del mundo, desde Túnez y Egipto, pasando por la mayor parte de Oriente Medio, hasta España y Estados Unidos, ha abierto una brecha que permite entrever que la idea de una gran transformación social parece posible de nuevo. Tras años de aparente aceptación de la situación actual, en los que nada parecía capaz de parar los efectos destructores de un orden capitalista en declive, la Primavera Árabe y la expansión de acampadas a lo largo de Estados Unidos, uniéndose a los muchos asentamientos ya formados por la creciente población de sin techo, muestra que los de abajo se están movilizando de nuevo, y que una nueva generación se dirige a las plazas decidida a reclamar su futuro, eligiendo formas de rebelión que pueden potencialmente tender puentes entre las principales brechas sociales.
(Fragmento tomado del Libro Revolución en punto cero - Desde Pág. 166 hasta Pág. 173El título del artículo no es el originalFragmento titulado originalmente como Nombrar lo intolerable: la acumulación primitiva y la reestructuración de la reproducción. Para acceder al libro completo clic aquí (N&A) 
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1- Sistema de organización fabril que reduce al mínimo los costes de gestión y almacenamiento al producir únicamente la cantidad exacta de mercancías demandadas en un momento preciso. [N. de la T.].
2- Karl Marx, Grundrisse, citado por David McLellan en Karl Marx: Selected Writings, Oxford, Oxford University Press, 1977, pp. 363-364 [ed. cast.: Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse), Siglo XXI, México, 2007].
3- La USAID es la agencia estadounidense encargada de distribuir la mayor parte de la ayuda exterior de carácter no-militar. En principio independiente, ha sido objeto de duras críticas y acusada de colaboración con la CIA o de ayudar en diversos escenarios a la desestabilización de gobiernos no alineados con las políticas de EEUU. [N. de la T.]
4- Sam Moyo y Paris Yeros (eds.), Reclaiming the Land: The Resurgence of Rural Movement in Africa, Asia and Latin America, Londres, Zed Books, 2005, p. 1.
5- Silvia Federici, «Witch-Hunting. Globalization and Feminist Solidarity in Africa Today», Journal of International Women’s Studies, Special Issue: Women’s Gender Activism in Africa, octubre de 2008.
6- Los cazadores de genes son los modernos piratas de la genética, que recolectan el acervo genético de los pueblos indígenas para descubrir variaciones particulares, negocio de gran potencial para las transnacionales farmacéuticas. [N. de la T.]
7- Yann Moulier Boutang, De l’esclavage au salariat. Èconomie historique du salariat bride, París, Presse Universitaire de France, 1998 [ed. cast.: De la esclavitud al trabajo asalariado: economía histórica del trabajo asalariado, Madrid, Akal, 2006]; Dimitris Papadopoulos, Niam Shephenson y Vassilis Tsianos, Escape Routes Control and Subversion in the 21th Century, Londres, Pluto Press, 2008.
8- Desde finales del siglo XVI y a lo largo del XVII se extendieron por Europa los llamados hospitales generales o casas de trabajo [workhouses], donde eran confinadas forzosamente todas aquellas personas que no eran consideradas productivas (vagabundos, mendigos y pobres en general). Por un lado, el trabajo obligatorio que desempeñaban fue aprovechado en este capitalismo emergente. Por el otro, debido al miedo al encierro en estos centros, las formas de vida que permitían subsistir al margen del trabajo asalariado fueron desapareciendo, lo que allanó el camino a la extensión de la disciplina laboral capitalista necesaria para que se asentara este tipo de trabajo. [N. de la T.] 

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domingo

"Monstruxs al poder"

"El post porno es de las monstrxs”, dicen Elena Urko y Majo Pulido, integrantes de Post Op, referencia ineludible del post porno ibérico. Irrumpen en parques, museos, clubes de strippers de pueblos perdidos, en charlas sobre diversidad funcional y pronto llegan a Buenos Aires en el marco de la Bienal de Performance, para realizar talleres post porno donde todos los cuerpos están especialmente invitados.
Foto: Simona Pamp
El colectivo se formó en 2003 luego de la maratón post porno organizada por Paul B. Preciado en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona. Desde entonces, utilizan la pornografía para crear otros imaginarios que visibilicen lo deseable de cuerpos y prácticas sexuales distintas a las que se ven en el porno maistream. Esta reapropiación del porno que realizan las Post Op desborda los ambientes queer e intenta convertirse en una práctica abierta a otros públicos con inquietudes, deseos y corporalidades diferentes. “Queremos llevar el post porno fuera de los espacios que están familiarizados y convencidos, y así llegar al mayor número de personas para que puedan cuestionarse y hacer tambalear ciertas verdades que nos han vendido en torno a la sexualidad y los géneros.”
Uno de los primeros argumentos sobre los que se paraba el post porno en sus inicios frente al porno es que allí sólo se ven cuerpos y prácticas sexuales normativas. Pero el mercado del porno ya ha incorporado a las diversidades. ¿Qué haría la diferencia entonces entre porno y post porno hoy?
–Lo cierto es que en el porno mainstream hay de todo, pero el problema para mí es el enfoque. Hay personas con diversidades funcionales, gordxs, viejxs, trans, están todos. Pero si miras este porno, lo disidente siempre está representado como lo abyecto, lo otro, lo freaky, lo extraño. Es decir, se muestran estas identidades como algo anecdótico. Para mí es fundamental que estos sujetos disidentes sean quienes generen sus propios imaginarios pornográficos, no otras personas que busquen esos cuerpos para completar la sección freak.

¿Y entre el porno queer y el post porno?

–Vemos positivamente la aparición de materiales realizado por personas trans o gender queer pero en estas páginas pornoqueer falta variedad de prácticas. Además, hay poco porno que más allá de su finalidad masturbatoria trate de hablar de otros temas como clase, raza, cuerpo sano/enfermo, entre otros ejes transversales. Es decir, el porno queer está enfocado en criticar el eje sexo/género, y del resto de las opresiones que nos atraviesan no se ve mucho.

¿Creen que podrían comercializarse productos post pornográficos?

–No me parece que un producto deje de ser político porque se comercialice, pero hay que ver de qué manera se hace y a costa de qué. De hecho, dentro de páginas de porno y productoras queer ya están comercializando videos pero con una forma de repartir los beneficios o de registrar la licencia diferente a las webs de porno tradicional. Está bien que valoremos nuestro trabajo y nuestro tiempo.

En el libro Transfeminismos (Editorial Txalaparta, 2013), discuten sobre la idea de que el post porno se ha “estetizado”. ¿Creen que esto podría quitarle su potencia disidente?

–En principio, el post porno no puede ser una estética porque en sí es una práctica. Las producciones actuales son tan variadas y diversas que hablar de una estética es imposible. Una prueba es que en las páginas de porno comercial y en las de porno queer la etiqueta post porno no existe. ¿Por qué? Porque abarca demasiado, no está lo suficientemente acotado para tener una etiqueta. Al margen de todo esto, si el post porno se transforma en una estética y deja de ser una práctica perdería su poder desestabilizador y se convertiría en un producto capitalista como otro cualquiera, tal como ha pasado con la etiqueta queer.
Lo extraño no es extraño
Una de las actividades que Post Op tiene prevista para su visita a Buenos Aires es su taller “Empoderándonos desde la monstruosidad”, que se realizará el 31 de mayo en la Casa del Bicentenario. En este encuentro se trabajará en torno a la construcción de los cuerpos disidentes: marimachos, locxs, afeminados, trans, tullidxs, gordxs, cancerosxs. “Nos interesa pensar la diferencia como fuente de placer, como parte de la variedad de cuerpos que existen y no como aquello que debe ser modificado o curado. Trabajar desde nuestras diferencias, desde nuestras partes incómodas.” También realizarán un workshop sobre prácticas performativas en torno a los cuerpos disidentes y activismos post porno tullido transfeministas del 2 al 5 de junio en el Centro Cultural Paco Urondo.

¿Qué potencia tiene el post porno para empoderar a personas con diversidad funcional?

–Hace años que venimos visibilizando esos cuerpos a través de prácticas no convencionales que nos permitan explorar más allá de lo genital. Y notamos que estas prácticas no sólo son interesantes para quienes tenemos inquietudes más allá de la genitalidad, sino para personas con diversidad funcional que tienen otra forma de sentir el cuerpo o de moverse. Y el feedback ha sido enorme: ponernos en comunicación con un cuerpo que tiene una manera de moverse o una sensibilidad tan diferente a la general hace que aparezcan prácticas que de otro modo no se nos hubieran ocurrido.

¿Qué diferencia encuentran entre hacer performance y realizar talleres?

–Durante nuestros primeros años, cuando nos dedicábamos más a hacer performance, muchas veces quedábamos frustradas porque todo quedaba en lo espectacular, en una actuación. Con los talleres notamos que cuando el propio cuerpo es el que realiza la experiencia, allí se genera el cambio real. Muchos asistentes han montado sus propios colectivos, han generado su propio porno, etc.

En sus talleres también facilitan la creación colectiva de juguetes, prótesis y ortopedia con fines sexuales.

–Muchas veces las personas nos preguntan si vendemos los productos de Pornotopedia. Pero no, la intención de este proyecto es generar nuevas ideas para sexualizar el cuerpo con aparatos que puedas crear tú mismo o con tus amigos. Si en el sexshop no encontramos lo que nos apetece porque no está hablando de nuestras prácticas y nuestros cuerpos, empecemos a construir nuestros propios juguetes.

¿Cómo las ha modificado la experiencia de realizar talleres post porno enfocados a cuerpos con diversidad funcional como el que se podrá ver en el documental “Yes, we fuck”?

–Nos dimos cuenta de que los espacios que fuimos montando durante todos estos años no eran tan accesibles y abiertos como creíamos. Aunque pensábamos que teníamos en cuenta a todas las opresiones (además de la de sexo/género), en realidad era mentira. Personas con diversidades funcionales sólo han empezado a venir ahora porque antes nuestros ejercicios no estaban adaptados para estas diversidades. Tuvimos una toma de conciencia. Como base, no podemos estar hablando de generar alianzas en espacios en donde no se pueden generar físicamente esas alianzas. Y ésa es una autocrítica que debemos hacernos al interior de los espacios queer/transfeministas.

Entrevista realizada por Laura Milano. Compartida de SOY

jueves

Conversaciones con Silvia Federici por Gladys Tzul Tzul

El Patriarcado del Salario: “Lo que llaman amor, nosotras lo llamamos trabajo no pagado”
Silvia Federici
Silvia Federici. Teórica y militante feminista italiana. Autora de Calibán y la Bruja (Pez en el Árbol, 2013); la Revolución Feminista Inacabada (Calpulli, 2013); la Revolución en Punto Cero (Traficantes de Sueños, 2013). Federici participó y acompañó luchas de las mujeres por la defensa de las tierras comunales en Nigeria; en los años setenta realizó una campaña por el salario al trabajo doméstico. Sus reflexiones abordan de manera histórica las luchas políticas de las mujeres por producir lo común, con una fértil mirada sobre la reproducción de la vida. En esta conversación que sostuvimos en Puebla, México, nos presenta elementos teóricos para interpretar de manera más amplia el funcionamiento de lo que ella llama el patriarcado del salario. La conversa nos dota de una serie de detalles de la historia del capitalismo que sirven para comprender nuestras luchas.

GTT. Tú has reflexionado sobre las distintas formas de explotación de las mujeres, por ejemplo nombras Patriarcado del salario como una forma específica de dominación, ¿puedes hablarnos sobre ello?

El patriarcado es una institución muy larga y no ha sido universal. Debemos de rechazar esa afirmación que dice que las mujeres siempre han sido oprimidas, primero porque en muchas comunidades las mujeres tenían poder. 2 mil años atrás había formas de matriarcado, yo no puedo aclarar ampliamente como se establecía un matriarcado, pero es importante comprender que la historia ha sido destruida. La idea es entender que el patriarcado ha tenido formas diferentes, las relaciones no se estructuran de la misma manera en todos los sistemas sociales; también el patriarcado no se transmite automáticamente, no es un asunto que continua de forma natural y automática de un siglo a otro, de una sociedad a otra. Las investigaciones históricas han demostrado que con el desarrollo del capitalismo, es decir con el paso del feudalismo al capitalismo, hubo un pasaje violento, porque el desarrollo del capitalismo fue como la contrarrevolución en un momento de crisis del feudalismo. El capitalismo dio una nueva fundación a las relaciones patriarcales; el capitalismo se ha apropiado de los elementos de la relación patriarcal del feudalismo, pero lo ha transformado y ha dado nuevas funciones para sus fines sociales y económicas. Por ejemplo, una diferencia muy grande entre el patriarcado del feudalismo y el patriarcado del capitalismo, es que en el primero, para las mujeres prevalecía un sistema de uso comunitario de las tierras, es decir, las mujeres y los hombres usaban las tierras. En Europa por ejemplo, las mujeres no fueron dependientes económicamente de los hombres, su alimentación no dependía de los hombres. Tampoco en la sociedad feudal estaba la diferencia del tipo de poder entre hombres y mujeres, que en la sociedad capitalista se generó. La relación desigual de poder entre hombres y mujeres en el feudalismo no tenía raíces materiales. La diferenciación venía, por nombrar dos casos, de la formas del uso de la violencia, porque los hombres hacían parte de los ejércitos del poder feudal, los hombres componían los ejércitos y las mujeres no; otro caso es el de la diferencia de poder que estaba justificada en la religión, pues ésta tenía una función de diferenciación. Todos los sistemas sociales que han explotado el trabajo humano, han explotado a las mujeres en una medida particular, porque las mujeres son las que producen trabajadores, cuando hay un sistema social que explota el trabajo humano, éste cerca e intenta controlar el cuerpo de las mujeres, porque el cuerpo de las mujeres genera riqueza, mano de obra, cocinan. El capitalismo es una forma de explotación específico que tiene relaciones diferentes.

GTT. Podrías explicarnos más sobre las diferencias entre el sistema de explotación capitalista y el sistema de explotación feudal.

Una primera diferencia es que el capitalismo es el primer sistema social que funda su riqueza y su acumulación sobre el trabajo humano. Todos los sistemas de explotación precedentes, siempre han visto la riqueza no como trabajo humano, sino como tierra, bosques. El trabajo humano era importante para construir, crear, cultivar. Pero la riqueza fue conceptualizada por la riqueza material. Con el capitalismo cambia.

GTT. ¿Cambia la noción de riqueza?

Si, cambia la concepción de la riqueza social. Esto lo dicen los primeros economistas del capitalismo, dicen que la riqueza no es la tierra, la riqueza es el trabajo humano. Entonces comienza con el capitalismo una concepción del trabajo humano nueva, como algo que se puede intensificar, que se puede desarrollar, que puede tener nuevas formas de productividad, así como se cultivaba la tierra, así se cultiva el trabajo humano. El objetivo era medir cuanta fuerza de trabajo había. Es por esto, que en el desarrollo del capitalismo en su primera fase, lo que puede verse es una acumulación inmensa de trabajo humano, se ve esclavitud, millones y millones de personas traficadas para el trabajo esclavo. Segundo, la colonización es un evento que ha dado a los europeos el control de millones de personas, de trabajadores de las nuevas tierras que invade. Es en estas condiciones en que se comienza a usar la pena de muerte para prohibir a las mujeres que usen anticonceptivos o se persigue a las que abortan. Comienza una intervención directa para apropiarse del cuerpo de las mujeres. Por eso se habla de las mujeres como máquinas productoras de trabajadores. Eso yo lo pongo en contextos de esta hambre de trabajo que el capitalismo tiene. Esto promueve formas diferentes de patriarcado y por ello nuevas formas de relaciones sociales comienzan a conformarse, porque hay un control del Estado sobre el cuerpo de las mujeres; se inicia un control de la procreación y del trabajo de la reproducción. Las mujeres deben de procrear trabajadores y cuidarlos todos los días y deben hacerlo en condición invisible, en condiciones no pagadas, porque de ésta manera se reproducen de una forma muy barata. El capital puede tomar toda la riqueza que los trabajadores producen, pueden tomar toda la riqueza porque las mujeres producen trabajadores casi gratis.

GTT. ¿Y aquí es donde el salario produce una forma de patriarcado?

En este sistema el Estado y el capital, controlan el cuerpo de las mujeres y se apropian de su trabajo a través del sistema del salario. El sistema del salario no solamente controla el trabajo de los asalariados, porque si lo pensamos como una relación, éste moviliza a dos trabajadores; con un salario se moviliza al hombre y la mujer que lo reproduce, le pagan a uno, pero trabajan dos. Entonces moviliza una gran cantidad de trabajo no pagado. El salario amplía la explotación, porque no solamente toma el trabajo del hombre que está en la fábrica o en la oficina, sino que también el trabajo de la mujer que lo reproduce diariamente, la que cocina, la que cría a los hijos. El capital acumula, porque hay mujeres que trabajan por casi nada, no completamente para nada, porque de la mujer comen, etc. Con el salario se puede controlar directamente el trabajo de las mujeres a través del sistema de la familia y el matrimonio. El matrimonio es un sistema fundamentalmente laboral, es el medio por el cual el capitalismo hace trabajar a las mujeres para que reproduzcan su fuerza de trabajo obrero. El salario es la medida para conformar la familia, porque es ahí donde se obliga a las mujeres a reproducir trabajadores. Yo creo que cuando se ve esto se comprende por qué se puede hablar de un patriarcado del salario, porque el salario toma el trabajo de la mujer y también la controla a ella. El hombre se convierte en el delegado, porque el capital y el Estado delegan en el trabajador el poder de controlar y golpear las mujeres si no cumplen con esa función. Así como los señores que dominaban las plantaciones tenían a los supervisores que controlaban el trabajo de los empleados, se puede decir que los hombres controlan  a las mujeres.

GTT. ¿Qué formas cobra este tipo de control, además de los que ya nos has   comentado?

Todo esto se hace invisible por lo que se llama amor. El capitalismo también se ha apropiado y ha manipulado la búsqueda de amor, de afectividad y de solidaridad entre todos los seres humanos; lo han deformado, usándolo como una medida para extraer trabajo no pagado. Por eso yo escribí. “Eso que llaman amor, nosotras lo llamamos trabajo no pagado”.

GTT. ¿Le dicen amor al trabajo no pagado?

Si porque en la familia se dice amor,  dicen que por amor se limpia y se cocina, que todo se hace por amor. Confunden amor con un servicio personal. El amor es un sistema que obligaba a muchas mujeres que no tenían posibilidades de sobrevivencia y el matrimonio era como tomar un empleo. Por mucho años, hasta la generación de mi madre, ocurría que si no te casabas ¿Qué harías? Pobrecilla, porque estás sola, muchas veces estabas en la casa de tu hermana que si estaba casada y ella ayudaba, porque es muy difícil tener un empleo y si se tenía un empleo no podías tener una vida social. Esas mujeres que no se casaban eran consideradas como desdichadas, por eso muchas mujeres compiten entre ellas por un hombre bello y con un buen salario. Por eso tu mamá te prepara, te orienta para arreglarte, que no salgas despeinada a la calle, que siempre estés de buen humor y que aprendas a hacer labores domésticas. Mi madre me amenazaba: “Si tu continuas así, ningún hombre se va a casar contigo” porque se sabe que casarse significa obedecer, hacer trabajo domésticos y si tú eres una buena mujer, él va a mantenerte, él te va a dar una posición social. Pero en el matrimonio un hombre te puede golpear y lo que van a decir, es que lo tienes merecido porque seguramente no lo obedeciste, porque no hiciste el amor cuando él lo quería. En el matrimonio se presume que él compra tu cuerpo y que siempre tienes que estar a su disposición. A todo esto muchas luchas feministas han dicho que ni el hombre, ni el matrimonio tienen derecho absoluto a tu cuerpo. Si tú dices que no, es no.

GTT. Es interesante hacer una revisión del amor romántico por este mundo de la reproducción.

¡Ah! el amor romántico donde las vidas se funden, pero se funden en la voluntad del hombre. Yo quiero escribir un libro sobre el amor y la sexualidad. La causa de tanta pena de las mujeres y su sentido de valor depende de si estas o no casada, si un hombre te quiere o no te quiere. Yo he visto muchas veces, que aunque a un hombre no lo aman tanto, cuando acaban las relaciones, las mujeres se sienten desvalorizadas y con penas. Por eso quiero escribir ese libro, no sé si con eso se puede hacer la revolución pero con eso se puede aliviar la pena. Un asunto que no quiero olvidar es que el sistema del salario crea la familia como una formación social jerárquica, donde el hombre es el patrón, el representante del Estado y la mujer debe ser sometida, puede ser obligada a hacer todo el trabajo de reproducción. Entonces el salario crea una división, porque con la creación de la división sexual del trabajo crea una división que rompe el frente unido de la lucha. Por eso yo digo que es importante que los hombres comprendan que esa relación de poder   los destruye a ellos también. Si se comprende que un hombre colabora con el capital, cuando esté contento con ser el patrón de la familia, cuando se siente fuerte porque es superior a la mujer y puede golpearla o humillarla, él no sabe que refuerzan sus cadenas con respecto de la dominación, porque hace que no puedan luchar juntos hombres y mujeres. Es importante comprender que el conflicto que se produce en el trabajo asalariado y el trabajo no asalariado, crea una jerarquía laboral y se crea una naturalización de la explotación de la mujer. Por eso creen que el trabajo doméstico pertenece a la naturaleza de la mujer y contra eso es lo que hay que luchar. A veces se piensa que si se lucha contra el trabajo doméstico se es una mala mujer, que no ama a su marido, etcétera. Y no se trata de eso, el trabajo doméstico es un sistema de explotación que usa el amor, usa las relaciones entre hombres y mujeres.

Entrevista compartida de Comunitariapress

Descargar "Calibán y la bruja" de Silvia Federici


miércoles

L'ÚLTIM SOTMETIMENT per PAUL B. PRECIADO

Hauria de limitar-me a la convenció i recomanar un llibre de platja per a aquests dies d'estiu, però davant l'espectacle de l'enfonsament de l'Estat Providència prefereixo convidar a la lectura de Calibán y la bruja , de Silvia Federici, publicat per Traficantes de Sueños fa un parell d'anys, les anàlisis del qual permeten un diagnòstic inquietant, però revelador, de l'actual gestió de la crisi a la zona euro.
Federici ens explica que va ser durant la seva estada a Nigèria als anys 80 quan va comprendre que el procés de sotmetiment de les formes de vida i de les relacions col·lectives que va conduir al capitalisme a partir del segle XV no havia finalitzat, sinó que seguia tenint lloc a partir de noves estratègies. Durant el segle XV, les tècniques de sotmetiment dels fets comuns incloïen la guerra, la persecució de bruixes i heretges, la massacre i el saqueig colonial, l'expropiació de terres comunes, la devaluació del treball de la dona i la invenció de la ideologia de la raça.
Quines eren les estratègies de sotmetiment del segle XX? Federici explica com els anys 80 van constituir un punt d'inflexió no només per a Nigèria sinó per a la majoria de països africans i llatinoamericans. Durant el període conegut com la crisi del deute , els governs africans, pressionats per l'FMI i el Banc Mundial, van adoptar programes d'ajustament estructural com a garantia de la seva incorporació a l'economia mundial. Aparentment destinats a fer competitiva l'economia africana en el mercat internacional, els ajustaments tenien com a objectiu aplanar el terreny social i polític i permetre l'entrada de noves formes de capitalisme multinacional i neoliberal, liderat per les indústries petroquímica i agroalimentària, d'un alt impacte social i ecològic, que permetrien cobrir els excessos energètics i de consum d'Occident durant els nostres opulents anys 80 i 90. El terapèutic ajustament estructural , similar en molts aspectes al pla d'austeritat que ens espera, adverteix Federici, va suposar la destrucció dels últims vestigis de la propietat comunal, però també de formes culturals i de gestió de la vida col·lectives, i va imposar noves maneres i més intenses d'explotació política i ecològica. El resultat va ser la transformació de bona part del territori africà en un saló de jocs per a Total, Shell, Monsanto... Un pou d'especulació i una deixalleria planetària.
El pla d'austeritat que ens espera no és altra cosa que un nou sotmetiment: l'extensió de les tècniques neoliberals de confiscació perfeccionades durant segles en els territoris colonials que ara es despleguen al territori europeu. Si no resistim col·lectivament, a Europa, les receptes de l'FMI per al nou ajustament estructural suposaran el desmantellament dels espais comuns de gestió de la vida, del cos i del temps que havien sobreviscut a l'expansió neoliberal: el sotmetiment definitiu dels espais comuns de l'educació, de la cultura, l'assistència sanitària i social.
No assistim a la crisi del capitalisme, sinó a la seva expansió exponencial, a la mutació d'un model industrial a un model informàtic-financer: la seva forma més abstracta i arbitrària. El nou liberalisme mai s'havia sentit tan lliure. Les multinacionals neden en deixalles i beneficis: el mercat està exultant. A quin deute fa referència l'FMI? Al deute que Europa deu a l'Àfrica o a l'Amèrica Llatina per segles d'espoli? Al deute que deuen els homes a les dones per anys de treballs sexuals i domèstics no pagats? Al deute que deuen els rics als pobres per haver-los robat el temps i la bellesa? El deute sobirà (el deute és l'únic que els queda de sobirà als estats europeus), producte de l'especulació amb el que és col·lectiu, és només una excusa per legitimar l'últim sotmetiment. El neoliberalisme fa un nou gir: com que res ha permès provar que la democràcia beneficiï el lliure mercat, transformem la democràcia mateixa en mercat. En el seu ascens salvatge, el mercat neoliberal somia en l'extensió global del mercat xinès o saudita, enclavaments per excel·lència d'innovació governamental: totalitarisme polític + capitalisme econòmic + devastació ecològica + mort social. Els nous magnats del capitalisme financer no suporten que bona part de la població europea hagi ampliat considerablement, en els últims 40 anys, l'esfera dels seus drets jurídics i econòmics. És necessari un últim acostament: flexibilitzar encara més el mercat de treball, abaixar salaris, privatitzar l'educació, la sanitat, la cultura, les institucions penitenciàries i fins i tot l'exèrcit... Acabar amb el subsidi d'atur, amb les pensions i tancar la Puerta del Sol perquè pugui venir el Papa. Davant dels nous mercats com el Brasil, l'Àfrica del Sud o l'Àsia, ja som història. Ara ens toca a nosaltres renunciar a tot per permetre la marxa sempre alegre del neoliberalisme cap a altres indrets que floreixen. El capitalisme neoliberal està fent la guerra a la població europea.
És significatiu que davant d'aquesta onada de sotmetiments neoliberals els indignats són els nous heretges i les noves bruixes del capitalisme neoliberal. Els ecòlegs diuen que un sòl està mort quan els agents tòxics han acabat amb tots els microorganismes que oxigenen i regeneren la terra. De la mateixa manera, si el sotmetiment venç, el capital acabarà amb tot el que és públic: el dia que mori el sòl de la Puerta del Sol, de la plaça Catalunya o de la plaça Sintagma haurem de parlar d'una democràcia morta, i per a la mort: tanatocràcia.

Publicat el 27/08/11 en Ara