lunes

CANDY CRUSH REHAB por Beatriz Preciado

"Las aplicaciones descargables de Facebook, Google Play o Appel Store son los nuevos operadores de la subjetividad...Si René Schérer nos enseñó que las disciplinas pedagógicas desarrolladas durante la modernidad, sirvieron para poner la mano masturbadora a escribir y a trabajar; comprendamos en lo sucesivo que las nuevas disciplinas digitales ponen la mano "fordista" que escribe y trabaja a masturbar la pantalla del capitalismo cognitivo".
Beatriz Preciado
La Asociacion americana de psiquiatría ( que no es, por otro lado, un congreso de santos) reclamaba hace unos días que el fenómeno Candy Crush Saga (cuyo número de adictos aumenta cada día), sea reconocido como una epidemia nacional y que en su lugar se ponga una "unidad" virtual de desintoxicación. 
Lanzada por la empresa británica King en el 2012, Candy Crush es ( junto con su equivalente oriental Puzzle and Dragons) la aplicación más descargada del mundo. Cuenta con 80 millones de usuarios y proporciona, al día, unos 700.000 euros de beneficios. Los analistas de videojuegos se preguntan: ¿como es posible que una aplicación tan tonta, a base de caramelos multicolores flotantes, haya podido sobrepasar los juegos mas sofisticados desarrollados durante años por los programadores de Nintendo? 
Pero la clave del éxito de Candy Crush reside justamente en sus defectos : su carácter infantil e inofensivo (no hay ni violencia ni sexo), el eterno comienzo (hasta 410 niveles), así como la ausencia de contenidos culturales específicos que puedan suscitar adhesión o rechazo. Castidad, idiotez y gratuidad son las condiciones que posibilitan la globalización de la adicción. 
Candy Crush es una disciplina del alma, una prisión inmaterial que propone una estricta temporalización del deseo y de la acción. El juego se dirige a un sujeto genérico despojado de sus defensas sociales secundarias (puede ser que esto explicase el porqué la mayoría de los jugadores son eso que socialmente llamamos "mujeres"): el juego establece un circuito cerrado entre el cerebro límbico ­donde se genera la memoria afectiva­, la mano y la pantalla. Candy Crush no es un juego de aprendizaje que ejercite la habilidad del jugador para mejorar. Es un simple juego de azar instalado en uno de nuestros tecno­-órganos externos más accesibles e íntimos: el teléfono móvil.  
Unas Vegas en la palma de tu mano. 
El objetivo de Candy Crush no es enseñar cualquier cosa al usuario, sino más bien capturar la totalidad de sus capacidades cognitivas durante un tiempo dado y apropiarse de sus recursos libidinosos, haciendo de la pantalla una superficie masturbatoria subrogada. Con Candy Crush, el jugador nunca gana nada cuando acaba un nivel, es la pantalla quien "orgasmea". 
Por otro lado, Cany Crush pone en cuestión la relación entre la libertad y la gratuidad defendida por los partidarios de la piratería: la nueva estrategia de colonización del mundo virtual pasa por la creación de un juego tan simple que se puede ofrecer gratuitamente, consiguiendo que el jugador potencial pase el mayor número de horas conectado. Una vez que el juego está implantado en las costumbres vitales del usuario, comienza el juego mismo y los gastos (vidas suplementarias y "boosters") que son los que producen beneficios.  
El jugador de Candy Crush administra multitud de pantallas: a menudo está situado físicamente frente a una pantalla de ordenador o de televisión que no funciona como marco visual principal, sino más bien como fondo y periferia, ya que al mismo tiempo mantiene un ir y venir incesante entre Facebook,Yahoo, Twitter, Instagram. ..El casto trabajador tecno­-masturbador es como un guardagujas virtual encerrado en una torre de control quijotesca desde la cual actualiza el juego  con una mano mientras que con la otra ordena hileras de caramelos. 
Las aplicaciones descargables de Facebook, Google Play o Appel Store son los nuevos operadores de la subjetividad. Seamos conscientes de que cuando descargamos una aplicación, no la instalamos simplemente en el móvil, sino directamente en el aparato cognitivo. Si René Schérer nos enseñó que las disciplinas pedagógicas desarrolladas durante la modernidad, sirvieron para poner la mano masturbadora a escribir y a trabajar; comprendamos en lo sucesivo que las nuevas disciplinas digitales ponen la mano "fordista" que escribe y trabaja a masturbar la pantalla del capitalismo cognitivo. 

“Candy Crush Rehab", publicado en Libération el 25 de octubre de 2013. 
*Texto traducido por PAROLE DE QUEER & NEVENKA RUBIO


Más artículos publicados por Beatriz Preciado en el periódico Liberátion:
"La estadística es más fuerte que el amor", publicado el 5 de agosto de 2014.
"Marcos for ever", publicado el 6 de junio de 2014.
"Feminismo amnésico", publicado el 9 de mayo de 2014.
"Procreación políticamente asistida" publicado el 27 de setiembre de 2013.
"Nosotrxs decimos revolución", publicado el 20 de marzo de 2013.
"¿Quién defiende al niño queer?" publicado el 14 de Enero de 2013.

miércoles

"La estadística, es más fuerte que el amor" por Beatriz Preciado

"Nuestra pareja, hipérbole de la perversión según la psicología heterocentrada, está dentro de la norma. Jamás los instrumentos de la biopolítica hegemónica me han reconfortado tanto. Constato también que la capacidad de disposición critica y de rebelión es inversamente proporcional a la intensidad del sufrimiento amoroso. Ya Spinoza lo anunció en 1677, antes de la invención de la estadística, un mismo y único afecto no puede desplegarse en direcciones divergentes. Estoy en el verano de la ruptura y los trastornos que directamente tocan el plexo solar ahuyentan a los héroes. Comienza en mi corazón la batalla entre el apaciguamiento de la estadística y el furor de la revolución".
Beatriz Preciado
Existe un estudio anual sobre "ruptura de parejas" (1). Una estadística que mide la catástrofe. O la liberación. Que computa el entusiasmo o el estancamiento. Que mide el dolor. El caos y la reorganización del mundo afectivo.Dependiendo de los años en pareja, la edad y el sexo, el salario, el numero de hijos en común, el tiempo transcurrido desde que hemos dejado el domicilio familiar, la profesión, los lugares de nacimiento y de residencia, las edades respectivas en la finalización de los estudios, el estatus jurídico (casados, parejas de hecho, convivencia, domicilios separados) y el PIB anual, es posible determinar cuales son las probabilidades de que continúe o se derrumbe una pareja. Todo esta aquí, vuestra futura ruptura está escrita en esta estadística, mas fácil de leer que los surcos en las líneas de la mano.
Las estadísticas dicen que en Francia un matrimonio de cada dos dura menos de diez años y que el 15 % de las personas entre 25-65 años viven solas. Que en el 2013, hubo 130.000 divorcios y 10.000  disoluciones de parejas de hecho. Que es entre los 40 y 45 es cuando más se divorcia la gente. Que el 65% de las rupturas se da en periodo vacacional. En consecuencia, 3 de cada 5 parejas se separan en verano. Así pues estamos en periodo de alto riesgo. El 37% de las parejas vuelve después de su primera ruptura pero solo el 12% logra consolidar su relación. El matrimonio favorece la estabilidad de la unión, dice la estadística, de la misma manera que la presencia de hijos pero solo cuando son pequeños. En cambio, las parejas  son mas frágiles cuando comienzan su vida en común muy jóvenes o en un contexto de cierta precariedad económica o social. Los agricultores hombre y mujeres (el estudio no habla de trans o disidentes de genero) y en menos medida los autónomos y los obreros, rompen con menos frecuencia que los empleados. Entre las mujeres, las rupturas son mas numerosas si son jefas; justo lo contrario que los hombres. Las mujeres inactivas de parejas heterosexual son las que aportan más estabilidad a la pareja - el estudio habla de "estabilidad" pero no de la infidelidad del esposo, ni de la realización personal de la esposa. La estabilidad es aquí un afecto controlado por la política. Una sociedad en la cual todos sus parejas se separasen sería una sociedad revolucionaria, puede que una sociedad de la revolución total.
Cuando pienso en mi vida ( mi vida material, mi vida reducida a una información computable) a través de estos estudios, me doy cuenta, primero con sorpresa, después con alivio, que estoy en la media estadística- a pesar de que el estudio no tiene en cuenta las parejas formadas por un trans in between no operado y una mujer fuera de la norma. La singularidad de nuestra resistencia  de genero se pliega ante las leyes estadísticas. La estadística es más fuerte que el amor. Más fuerte que la política queer. La estadística transforma las noches cuando nos amamos y los días sin columna vertebral que vienen después de la ruptura, en materia inerte por un cálculo aritmético. Y ahora, la inmovilidad de estas cifras me hacen sentir bien.
El uso de la estadística como la técnica de representación social apareció desde 1760 con la aplicación de la aritmética en la gestión de la población en los trabajos de Gottfried Achenwall y Bissett Hawkins. Esta técnica se desarrolla como una auténtica " aritmética política " a partir de finales del siglo XIX con André-Michel Guerry y Adolphe Quételet. Francisco Galton soñará con un uso eugenésico de estas correlaciones. Estos matemáticos de los social se van a dedicar a producir un conocimiento a partir de datos psíquicos o sociales difícilmente controlables. Las estadísticas son de los meteorólogos y de los antropómetros. De la misma forma que aprenden a predecir el tiempo que hará, predicen los nacimientos y las muertes, los flechazos y las rupturas. Otra encuesta, realizada en Inglaterra en 2013 según los métodos heredados de la estadística moral de Guerry, concluye que, durante los primeros quince meses de la "luna de miel", las parejas hacen el amor por término medio una vez al día. Después de cuatro años de relación, la media desciende 4 veces al mes. Después de 15 años, el 50 % de las parejas lo hacen 4 veces al año, la otra mitad duerme en habitaciones separadas.
Después de una reelectura detallada de mis días y de un escrupuloso recuento hecho gracias al tiempo libre y a la energía obsesiva que dejan las rupturas, yo calculo que la he amado el 93%de los días que pasé junto a ella. Que he sido feliz el 63% de los días, desdichadx el 11%. No puedo pronunciarme por falta de memoria o de datos precisos sobre el 22% restante. Hemos hecho el amor el 60% de los días, con un 90%de satisfacción en los 3 primeros años, el 76% en los dos siguientes y solo un 17% en los últimos años. Hemos dormido juntas el 87% de las noches, nos hemos abrazado antes de dormir el 97,3% de los días. Hemos leído juntxs el 99% de los días. La calidad relativa (98%) de las palabras intercambiadas durante nuestra relación fue casi invariable en el tiempo- a excepción de los días que precedieron a nuestra separación.
Nuestra pareja, hipérbole de la perversión según la psicología heterocentrada, está dentro de la norma. Jamás los instrumentos de la biopolítica hegemónica me han reconfortado tanto. Constato también que la capacidad de disposición crítica y de rebelión es inversamente proporcional a la intensidad del sufrimiento amoroso. Ya Spinoza lo anunció en 1677, antes de la invención de la estadística, un mismo y único afecto no puede desplegarse en direcciones divergentes. Estoy en el verano de la ruptura y los trastornos que directamente tocan el plexo solar ahuyentan a los héroes. Comienza en mi corazón la batalla entre el apaciguamiento de la estadística y el furor de la revolución.

(1) Este estudio lo podríamos extraer de todas las estadísticas publicadas alrededor de las parejas, alrededor de la familia y alrededor de la vida amorosa y sexual.
“La statisque, plus forte que l'amour”, publicado en Libération el 5 de agosto de 2014. 
*Texto traducido por PAROLE DE QUEER & NEVENKA RUBIO


Más artículos publicados por Beatriz Preciado en el periódico Liberátion:
"Marcos for ever", publicado el 6 de junio de 2014.
"Feminismo amnésico", publicado el 9 de mayo de 2014.
"Procreación políticamente asistida" publicado el 27 de setiembre de 2013.
"Nosotrxs decimos revolución", publicado el 20 de marzo de 2013.
"¿Quién defiende al niño queer?" publicado el 14 de Enero de 2013.


sábado

¿Quién defiende al niño queer? por Beatriz Preciado


Beatriz Preciado

Los católicos, judíos y musulmanes integristas, los copeístas* desinhibidos, los psicoanalistas edípicos, los socialistas naturalistas à la Jospin, los izquierdistas heteronormativos y el rebaño creciente de los modernos reaccionarios, estuvieron de acuerdo este domingo en hacer del derecho del niño a tener un padre y una madre el argumento central que justifica la limitación de los derechos de los homosexuales. Se trató de su día de salida, la gigantesca salida del clóset de los hererócratas. Ellos defienden una ideología naturalista y religiosa cuyos principios conocemos. Su hegemonía heterosexual ha reposado siempre sobre el derecho de oprimir a las minorías sexuales y de género. Se tiene la costumbre de verlos blandir un hacha. Lo que es problemático es que fuerzan a los niños a portar esa hacha patriarcal.
El niño que Frigide Barjot asegura proteger no existe. Los defensores de la infancia y la familia hacen llamado de la familia política de un niño que ellos construyen, un niño presupuesto heterosexual y bajo la norma del género. Un niño que privan de toda fuerza de resistencia, de toda posibilidad de hacer un uso libre y colectivo de su cuerpo, sus órganos y sus fluidos sexuales. Esta niñez que ellos aseguran proteger exige el terror, la opresión y la muerte.
Frigide Barjot, su musa, aprovecha que es imposible para un niño rebelarse políticamente contra el discurso de los adultos: el niño es siempre un cuerpo a quien no se reconoce el derecho de gobernar. Permítanme inventar, retrospectivamente, una escena de enunciación, de hacer un derecho de réplica en nombre del niño gobernado que fui, de defender otra forma de gobierno de los niños que no son como los otros.
Alguna vez fui el niño que Frigide Barjot se enorgullece de proteger. Y me sublevo hoy en nombre de los niños que estos discursos falaces esperan preservar. ¿Quién defiende los derechos del niño diferente? ¿Los derechos del chico pequeño que ama vestir de rosa? ¿De la chica pequeña que sueña con casarse con su mejor amiga? ¿Los derechos del niño queer, maricón, tortillera, transexual o transgénero? ¿Quién defiende los derechos del niño para cambiar de género si lo deseara? ¿Los derechos del niño a la libre autodeterminación de género y sexualidad? ¿Quién defiende los derechos del niño a crecer en un mundo sin violencia sexual ni de género?
El discurso omnipresente de Frigide Barjot y de los protectores de los “derechos del niño a tener un padre y una madre” me hace volver al lenguaje del nacional-catolicismo de mi infancia. Nací en la España franquista, en la cual crecí con una familia heterosexual católica de derecha. Una familia ejemplar, que los copeístas podrían erigir como emblema de virtud moral. Tuve un padre, y una madre. Cumplieron escrupulosamente su función de garantes domésticos del orden heterosexual.
En el discurso francés actual contra el matrimonio y la Procreación Médicamente Asistida (PMA) para todos, reconozco las ideas y los argumentos de mi padre. En la intimidad del hogar familiar, desplegaba un silogismo que invocaba la naturaleza y la ley moral con el fin de justificar la exclusión, violencia e inclusive asesinato de los homosexuales, travestis y transexuales. Comenzaba por “un hombre debe ser un hombre y una mujer una mujer, así como Dios lo ha querido”, continuaba por “lo que es natural, es la unión de un hombre y una mujer, es por esto que los homosexuales son estériles”, hasta la conclusión, implacable, “si mi hijo es homosexual prefiero matarlo”. Y ese hijo, era yo.
El niño a proteger de Frigide Barjot es el efecto de un dispositivo pedagógico temible, el lugar de proyección de todos los fantasmas, la coartada que permite al adulto naturalizar la norma. La biopolítica1 es vivípara y pedófila. La reproducción nacional depende de ello. El niño es un artefacto biopolítico garante de la normalización del adulto. La policía del género vigila la cuna de los vivientes por nacer, para transformarlos en niños heterosexuales. La norma realiza su ronda alrededor de los cuerpos tiernos. Si tú no eres heterosexual, es la muerte quien te espera. La policía del género exige cualidades diferentes del pequeño chico y la pequeña chica. Da forma a los cuerpos a fin de dibujar órganos sexuales complementarios. Prepara la reproducción, desde la escuela al Parlamento, industrializándola. El niño que Frigide Barjot desea proteger es la creatura de una máquina despótica: un copeísta empequeñecido que hace campaña a favor de la muerte en nombre de la protección de la vida.
Recuerdo el día en que, en mi escuela de monjas, las Hermanas Reparadoras del Sagrado Corazón de Jesús, la madre Pilar nos pidió dibujar a nuestra futura familia. Tenía 7 años. Me dibujé casada con mi mejor amiga Marta, tres niños y varios perros y gatas. Había ya imaginado una utopía sexual, en la cual existía el matrimonio para todos, la adopción, la PMA... Algunos días después, la escuela envió una carta a mi casa, aconsejando a mis padres llevarme a ver a un psiquiatra, a fin de arreglar lo antes posible un problema de identificación sexual. Numerosas represalias siguieron a esta visita. El desprecio y rechazo de mi padre, la vergüenza y culpabilidad de mi madre. En la escuela, se extendió el rumor de que yo era lesbiana. Una mani de copeístas y frigide-barjotianos se organizaba cotidianamente delante de mi clase. “Sal tortillera —decían— te violaremos para que aprendas a besar como Dios quiere.” Tenía un padre y una madre, pero fueron incapaces de protegerme de la depresión, la exclusión, la violencia.
Lo que protegían mi padre y mi madre, no eran mis derechos de niño, sino las normas sexuales y de género que se habían ellos mismos inculcado en el dolor, a través de un sistema educativo y social que castigaba toda forma de disidencia con la amenaza, intimidación, castigo, y muerte. Tenía un padre y una madre, pero ninguno de los dos pudo proteger mi derecho a la libre autodeterminación de género y de sexualidad.
Huí de este padre y esta madre que Frigide Barjot exige para mí, mi supervivencia dependía de ello. Así, aunque tuve un padre y una madre, la ideología de la diferencia sexual y la heterosexualidad normativa me los había confiscado. Mi padre fue reducido al rol de representante represivo de la ley del género. Mi madre fue privada de todo lo que habría podido ir más allá de su función de útero, de reproductora de la norma sexual. La ideología de Frigide Barjot (que se articulaba entonces con el franquismo nacional-católico) desolló al niño que yo era del derecho de tener un padre y una madre que habrían podido amarme, y cuidar de mí.
Nos llevó mucho tiempo, conflictos y heridas superar esta violencia. Cuando el gobierno socialista de Zapatero propuso, en 2005, la ley del matrimonio homosexual en España, mis padres, siempre católicos practicantes de derecho, se manifestaron a favor de esta ley. Votaron a favor del partido socialista por primera vez en su vida. No se manifestaron únicamente a favor de defender mis derechos, sino también de reivindicar su propio derecho a ser padre y madre de un niño no-heterosexual. A favor del derecho a la paternidad de todos los niños, independientemente de su género, sexo u orientación sexual. Mi madre me contó que tuvo que convencer a mi padre, más reacio. Me dijo “nosotros también, nosotros tenemos el derecho de ser tus padres”.
Los manifestantes del 13 de enero no defendieron el derecho de los niños. Defienden el poder de educar a los hijos en la norma sexual y de género, como supuestos heterosexuales. Desfilan para mantener el derecho de discriminar, castigar y corregir toda forma de disidencia o desviación, pero también para recordar a los padres de hijos no-heterosexuales que su deber es tener vergüenza por ellos, rechazarlos y corregirlos. Nosotros defendemos el derecho de los niños a no ser educados exclusivamente como fuerza de trabajo y reproducción. Defendemos el derecho de los niños a no ser considerados como futuros productores de esperma y futuros úteros. Defendemos el derecho de los niños a ser subjetividades políticas irreductibles a una identidad de género, sexo o raza.
Qui défend l'enfant queer ?, publicado en Libération el 14 de enero de 2013, en el contexto de las manifestaciones en contra del matrimonio no-heterosexual en Francia.
* Seguidor de Jean-François Copé, político francés.
1 Concepto de Michel Foucault que designa un poder que se ejercer sobre el cuerpo y las poblaciones. Autora de “Pornotopía: Arquitectura y sexualidad en Playboy durante la guerra fría”, (Anagrama, 2010).
Texto compartido de la web Artillería Imanente.

Más artículos publicados por Beatriz Preciado en el periódico Liberátion:
"La estadística es más fuerte que el amor", publicado el 5 de agosto de 2014.
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"Procreación políticamente asistida" publicado el 27 de setiembre de 2013.
"Nosotrxs decimos revolución", publicado el 20 de marzo de 2013.




jueves

"Confesiones sentimentales de la Doctora Ziga:experta en putología y perróloga"

OUIJA QUEER por ITZIAR ZIGA
Las raritas tendemos a identificarnos con seres sobrenaturales, no censados, quiméricos, aberrantes, amenazadores, fugitivos de todas las normas que gobiernan esta dimensión heteropatriarcal que nos asfixia, invencibles. Pero, ¿se sumarían a nuestra horda transfeminista o su marginalidad no entraña conciencia política ni compartimos el mismo enemigo? Vampiresas, zombies, alienígenas, brujas, robots, poltergeist, muñecas diabólicas, replicantes, lamiak, amazonas siderales,… 
Buscar una vena rebosante, perforar, sorber como si de un granizado de limón en medio del desierto se tratara, contagiar, deliciosa promiscuidad, toda una noche eterna de fiesta en cualquier mansión abandonada y maldita, con ese look tan gótico, tan marica, tan polvoriento, el púrpura tatuado bajo los ojos, el terror al sol,… No digas que fue un sueño.
Lo de las zombies lo llevo peor, aunque jamás negaría su posibilidad. Tampoco me gusta que lo hagan con la mía. He creído ver alguna los martes, a veces en el espejo. Pero no parecen felices, ni cuando devoran cerebros. Aunque nunca nos muestran sus no-vidas mientras descansan de cazar humanos. Igual conspiran y hacen esas pintadas que alguna vez he leído en un muro: ¡Cómete a los ricos! 
¿Fantasmas, ánimas en pena, espíritus? Depende de quienes. Graciana de Barrenetxea, Olympe de Gouges, Mae West,… ¡bienvenidas! Deben seguir de muy mala leche después de todo lo que les hicieron. Y podrían revelarnos las flaquezas del enemigo: han tenido tiempo para observarlo.
¿Alienígenas? si se paran a mirar este planeta medio segundo, se ponen de nuestra parte. Fijo. ¿Replicantas y robots? Su destino siempre es rebelarse contra sus creadores, la ciencia y el ejército. Contaremos con su alianza. ¿Qué decir de Satana? Debe adorarnos.
La tendencia aprendida a creer que “las otras” no han desarrollado conciencia y a no reconocernos en sus luchas, es uno de los dispositivos de domesticación patriarcal más eficaces. ¿Y si empezamos a dar por hecho que sí, que siempre y en todas las dimensiones hay células de gozosa resistencia? 
Cual monstrua empiezo a sentirme más empoderada en las tinieblas. 
Artículo de Itziat Ziga publicado en el Parole de queer 5.
Diseño de la revista por Nac Scratchs.


Artículo de Itziar Ziga para el Parole de queer 4
Otros artículos de Itziar Ziga para Parole de queer: "Queer es compartir" y "Gran surtido en géneros", "Las personas y el resto" y "Estábamos tan cachondas y eramos tan monas"
Itziar Ziga es periodistx y autorx de Devenir perraUn zulo propioGlamur i resistència y Sexual herria y escribe habitualmente en Hasta la limusina siempre.

martes

Entrevista a Beatriz Preciado: La sexualidad a debate: los modelos biohombre y biomujer.

"Me parece inviable pensar que se nace con una sexualidad, que eres heterosexual u homosexual o transexual. Ese es el modelo de la medicina psicopatológica de los años 40 en el que uno tiene que buscar la verdad sexual en sí mismo y encontrarla, y si no la encuentra recurre a la ayuda psicológica. La sexualidad esta en un ámbito abierto y en constante mutación".
Beatriz Preciado
¿En qué consisten los modelos que has propuesto, biohombre y biomujer?
Los modelos de género y sexualidad actuales provienen de los discursos médicos hegemónicos de los siglos XIX y XX. Los modelos de masculinidad y feminidad contemporáneos vienen realmente de los años 40. En la época de la Segunda Guerra Mundial se inventa la noción de género, absolutamente nueva para ese momento. Los seres humanos son capaces de transformar el cuerpo de aquellos bebés cuyas morfologías no encajan en lo que hasta ese momento se considera como masculino o femenino. Se aplica todo un conjunto de técnicas médicas, hormonales u operaciones, a estos bebés a quienes después se va a llamar intersexuales. En esos años la medicina toma conciencia de que no hay sólo dos sexos sino que hay una multiplicidad sexual que no se puede reducir al binario, y para reducirla al binario inventa esta noción de género para lo masculino y lo femenino, así como una serie de técnicas dedicadas a producir dos modelos muy distantes de masculinidad y feminidad que creo que hoy están siendo puestos en cuestión. Lo que yo llamo biohombre y biomujer son aquellos hombres y mujeres que han sido asignados como tales al nacer, y que por tanto no han cuestionado esa situación.
En tus textos has hablado de lo plástico y lo natural. ¿Existe una sexualidad plástica y una sexualidad natural?
Creo que no hay una sexualidad natural. Creo que la sexualidad no se ha dado naturalmente. La sexualidad humana no es una práctica biológica sino cultural y por tanto es una práctica que cambia a lo largo de la historia. Está sujeta a mutaciones y a críticas. Cuando digo que es plástica me refiero a que puede ser intervenida. Puede sufrir modificaciones y podemos aprender distintas sexualidades. Me parece inviable pensar que se nace con una sexualidad, que eres heterosexual u homosexual o transexual. Ese es el modelo de la medicina psicopatológica de los años 40 en el que uno tiene que buscar la verdad sexual en sí mismo y encontrarla, y si no la encuentra recurre a la ayuda psicológica. La sexualidad esta en un ámbito abierto y en constante mutación. Las normas sociales y políticas del contexto en el que habitamos son extremadamente restringidas y esa plasticidad se ve rápidamente acotada.
¿Qué es la identidad sexual?
La identidad sexual es asignada políticamente. Uno no tiene una identidad u orientación sexual sino que hay contextos de asignación política en los que, cuando eres pequeño y sientes atracción por otro chico de tu mismo sexo, no dejan de llamarte puto o maricón y a partir de ahí te construyes como homosexual. Después puedes reivindicar tu sexualidad para resistir a la norma heterosexual, lo cual no quiere decir que tu sexualidad este dada de una vez por todas.
¿Por qué rebelarse a la sexualidad?
Para mí la rebelión surge de hacerse consciente de que un conjunto de normas sociales y políticas nos constituyen. Mucha gente experimenta su sexualidad como normativa. Si tu práctica sexual se constituye dentro de las mayoritarias y es reconocida normativamente, tienes pocas posibilidades de cuestionarla por que es un privilegio, pero si formas parte de una minoría necesitas desarrollar instrumentos críticos para pensar por qué se impone normativamente una sexualidad frente a otra.
¿Es necesario reconocer la diversidad sexual?
Es vital que las minorías sexuales tengan acceso al espacio democrático porque este espacio que habíamos pensado era un espacio heterosexual. Hay márgenes disidentes pero nosotros no estamos representados. Y no sólo son gay y lesbianas sino también personas con discapacidades de todo tipo, ciudadanos que tampoco tienen acceso al espacio democrático ni a la decisión sobre sus cuerpos. 
Una entrevista de Leonardo Bastida Aguilar.Entrevista publicada en La jornada



domingo

Conferencia de Teresa de Lauretis. Género y teoría queer




Teresa de Lauretis es una destacada pensadora feminista nacida en Italia. Autora de numerosos trabajos en las áreas de semiótica, teoría feminista y teorías del cine y la literatura en la cultura contemporánea, sus obras se destacan por su compromiso teórico y político, así como por su perspectiva interdisciplinaria. Es Profesora Emérita en el Departamento de Humanidades de la Universidad de California/Santa Cruz (EEUU). Ha dictado cursos en las Universidades de Colorado y de Wisconsin en Estados Unidos, en Universidades de Canadá, Alemania, Italia y Holanda, y es Doctor Honoris Causa en la Universidad de Lund, Suecia (2005). 
Organizado por: Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género (FFyL, UBA); Carrera de Sociología (FSoc, UBA) y Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.

viernes

JUDITH BUTLER:"REIVINDICO UN JUDAÍSMO QUE NO ESTÁ ASOCIADO A LA VIOLENCIA ESTATAL"

JUDITH BUTLER:"I AFFIRM A JUDAISM THAT IS NOT ASSOCIATED WITH STATE VIOLENCE"
Judith Butler

Ayer, el Jerusalem Post, publicó un ataque sobre la entrega de un importante premio internacional a Judith Butler, la filósofa y profesora de literatura comparativa de Berkley, porque Butler está a favor del boicot a Israel. Butler escribió esta respuesta y, sin esperanza de que el Post la publicara, nos la hizo llegar. – Los Editores
El Jerusalem Post publicó recientemente un artículo reportando que algunas organizaciones se oponen a que yo reciba el Premio Adorno, un premio que se da cada tres años a personas que trabajan en la tradición de teoría crítica, entendida ampliamente. Las acusaciones en mi contra son que supuestamente apoyo a Hamas y Hezbollah (lo cual no es cierto), que apoyo el BDS* (parcialmente cierto), que soy antisemita (claramente falso).
Tal vez no debería sorprenderme tanto como lo estoy  que aquellos que se oponen a que reciba el Premio Adorno recurran a acusaciones tan difamatorias y carentes de fundamento para argumentar su punto. Soy una académica que se introdujo a la filosofía a través del pensamiento judío, y me entiendo a mí misma como una persona que defende y continúa una tradición ética judía que incluye figuras como Martin Buber y Hannah Arendt. Recibí una educación Judía en Cleveland, Ohio en El Templo bajo la tutela del Rabí Daniel Silver, donde desarrollé fuertes puntos de vista éticos sobre las bases del pensamiento filosófico judío. Aprendí, y llegué a aceptar, que somos llamados por otros, y por nosotros mismos, a responder al sufrimiento y a clamar por su alivio. Pero para hacer esto, tenemos que escuchar el llamado, encontrar los recursos por los cuales responder, y a veces sufrir las consecuencias por hablar como lo hacemos. Me enseñaron, en cada paso en mi educación judía, que no es aceptable quedarse callado frente a la injusticia. Tal mandato es difícil, ya que no nos dice exáctamente cuándo y cómo hablar, o como hablar de manera que no produzca nuevas injusticias, o cómo hablar de manera que seamos escuchados y registrados de manera correcta. Mi posición actual no es escuchada por estos detractores, y tal vez eso no debería sorprenderme, ya que su táctica es destruir las condiciones de audibilidad.
Estudié filosofía en la Universidad de Yale y continué considerando las cuestiones de la ética judía a través de mi educación. Permanezco agradecida por aquellos recursos éticos, por la formación que tuve, y que aún me anima. No es cierto, es absurdo, y doloroso que alguien argumente que aquellos que formulan críticas del Estado de Israel son antisemitas, o, si es Judío, se odian a sí mismos. Tales acusaciones buscan demonizar a la persona que plantea un punto de vista crítico y así descalifican el punto de vista anticipadamente. Es una táctica silenciadora: esta persona no puede hablar, y cualquier cosa que digan debe ser descartada por adelantado o tergiversada de tal manera que niegue la validez del acto de hablar. La acusación se rehúsa a considerar el punto de vista, debatir su validez, considerar sus formas de evidencia, y derivar una conclusión sólida sobre la base de escuchar a la razón. Tal acusación no solo es un ataque a personas que mantienen puntos de vistas que otros encuentran objetables, sino que es un ataque al intercambio razonable, a la posibilidad misma de escuchar y hablar en un contexto donde se pueda considerar realmente lo que el otro tiene que decir. Cuando un grupo de judíos etiqueta a otro grupo de judíos como “antisemitas”, están tratando de monopolizar el derecho de hablar en nombre de los judíos. Así el alegato del antisemitismo es realmente un disfraz para una pelea intra-judía.
En los Estados Unidos, me ha alarmado el número de judíos que consternados por la política israelí, incluida la ocupación, las prácticas de detención indefinida, el bombardeo de poblaciones civiles en Gaza, tratan de renegar de su ser judío. Cometen el error al pensar que el Estado de Israel representa el ser judío en nuestros tiempos, y que si uno se identifica como judío, uno apoya a Israel y sus acciones. Siempre ha habido tradiciones judías que se oponen a la violencia estatal, que reivindican la cohabitación multicultural, y defienden principios de igualdad, y esta tradición ética vital se olvida o se deja de lado cuando alguno de nosotros acepta a Israel como la base de la identificación o los valores judíos. Así que, por un lado, los judíos que son críticos de Israel piensan que tal vez ya no pueden ser judíos si Israel representa el ser judío; y por el otro lado, aquellos que buscan vencer a cualquiera que critique a Israel también igualan el ser judío a Israel, llegando a la conclusión de que el crítico debe ser antisemita, o sí es judío (a), se odia a sí mismo (a). Mis esfuerzos académicos y públicos se han dirigido a salir de esta atadura. A mi manera de verlo, hay tradiciones Judías fuertes, incluso tradiciones Sionistas tempranas, que valoran la cohabitación que ofrecen maneras de oponerse a la violencia de todos los tipos, incluyendo la violencia estatal. Es importante que estas tradiciones sean valoradas y animadas en nuestro tiempo-  ellas representan valores de la diáspora, luchas por la justicia social, y el valor judío extremadamente importante de “reparar el mundo” (Tikkun).
Para mí es claro que las pasiones, que son tan altas en estos asuntos, son aquellas que hacen tan difícil hablar y escuchar. Unas pocas palabras se toman fuera de contexto, su significado es distorsionado, y entonces vienen a etiquetar, o de hecho, a estigmatizar a un individuo. Esto ocurre con mucha gente cuando ofrecen una visión crítica de Israel- son estigmatizados como antisemitas o incluso como colaboradores de los Nazis; estas formas de acusación tienen la intención de establecer las formas de estigmatización y demonización más duraderas y tóxicas. Apuntan a la persona tomando sus palabras fuera de contexto, invirtiendo su significado y poniéndolas en el lugar de la persona; de hecho, hacen nulos los puntos de vista de esa persona sin tener en cuenta el contenido de tales puntos de vista. Para aquellos de nosotros que descendemos de judíos europeos que fueron destruidos en el genocidio Nazi (la familia de mi abuela fue destruida en un pequeño pueblo al sur de Budapest), es el insulto más doloroso e injurioso ser llamada cómplice del odio a los judíos o ser llamada una judía que se odia a sí misma. Y es especialmente difícil de soportar el dolor de tal afirmación cuando uno intenta reivindicar lo que es más valioso en el judaísmo pensando en la ética contemporánea, incluida la relación ética con los desposeídos de tierra y con los derechos de autodeterminación, con los que buscan mantener la memoria de su opresión viva, con los que buscan vivir una vida que sea, y deba ser, merecedora de luto. Yo sostengo que estos valores se derivan todos de fuentes judías importantes. Pero para mí, dada la historia de la cual emerjo, es de gran importancia que como judía hable en contra de la injusticia y que luche contra todas las formas de racismo. Esto no me hace una judía que se odia a sí misma, me hace alguien que desea reivindicar un judaísmo que no se identifica con la violencia estatal, y que es identificado con una lucha de amplia base por justicia social.
Mis comentarios sobre Hamas y Hezbollah han sido tomados fuera de contexto y distorsionan de mala manera mis puntos de vista establecidos y continuos. Siempre he estado a favor de la acción política no-violenta, y este principio ha caracterizado consistentemente mis puntos de vista. Hace unos años un miembro de una audiencia académica me preguntó si pensaba que Hamas y Hezbollah pertenecían a la “izquierda global” y repliqué con dos puntos. Mi primer punto fue simplemente descriptivo: aquellas organizaciones políticas se definen como antiimperialistas, y el antiimperialismo es una de las características de la izquierda global, así que sobre esta base uno podría describirlos como parte de la izquierda global. Mi segundo punto fue entonces crítico: como con cualquier grupo de la izquierda, uno tiene que decidir si esta a favor o en contra de ese grupo, y uno tiene que evaluar críticamente su posición. Yo no acepto o apoyo todos los grupos de la izquierda global. De hecho, estos comentarios mismos vinieron después de una charla que dí esa noche y que enfatizó la importancia de el luto público y de las prácticas políticas de no-violencia, un principio que elaboro y defiendo en tres de mis libros recientes: Precarious Life, Frames of War, y Parting Ways. He sido entrevistada sobre mis puntos de vista no-violentos por Guernica y otros publicaciones virtuales, y tales puntos de vista son fáciles de encontrar, si uno quisiera saber cual es mi posición en tales asuntos. De hecho, a veces se burlan de mí algunos miembros de la izquierda que apoyan formas de resistencia violenta y que piensan que no logro comprender tales prácticas. Es cierto: yo no apoyo prácticas de resistencia violenta y tampoco apoyo la violencia estatal, no puedo, y nunca lo he hecho. Este punto de vista me hace tal vez más ingenua que peligrosa, pero es mi punto de vista. ¡Así que siempre me ha parecido absurdo que mis comentarios fuesen tomados por representar apoyo o respaldo a Hamas y a Hezbollah! Nunca he tomado posición por estas oirganizaciones, de la misma manera que nunca he apoyado a todas la organizaciones de las cuales podría decirse que son parte de la izquierda global- yo no apoyo incondicionalmente a todos los grupos de constituyen actualmente la izquierda global. Decir que esas organizaciones pertenecen a la izquierda no es decir que deberían pertenecer, o que yo las apoyo o respaldo de alguna manera.
Dos puntos más. Yo sí apoyo el movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (Boycott, Divestment, and Sanctions, BDS) de una manera muy específica. Yo rechazo algunas versiones y acepto otras. Para mí BDS significa que me opongo a las inversiones en compañías que fabrican equipos militares cuyo único propósito es demoler hogares. Significa también que no habló en instituciones Israelíes a menos que tomen una posición fuerte contra la ocupación. Yo no acepto ninguna versión de BDS que discrimine individuos sobre la base de su nacionalidad, y mantengo fuertes relaciones colaborativas con muchos académicos Israelíes. Una razón por la cual puedo apoyar BDS y no apoyar a Hamas y Hezbollah es que BDS es movimiento cívico no-violento más grande que busca establecer igualdad y el derecho a la autodeterminación para los palestinos y las palestinas. Mi propio punto de vista es que los pueblos de esas tierras, judíos y palestinos, deben encontrar una manera de vivir juntos en  condiciones de igualdad. Como tantos otros, ansío una organización política verdaderamente democrática en esas tierras y reivindico los principios de autodeterminación y cohabitación para ambos pueblos, de hecho, para todos los pueblos. Y mi deseo, como es el deseo de un número de judíos y no judíos que se incrementa, es que la ocupación llegue a su fin, que la violencia de todos los tipos cese, y que los derechos políticos sustanciales de toda la gente en esa tierra se aseguren a través de una nueva estructura política.
Dos notas finales: El grupo que apoya este epiteto es el Scholars for Peace in the Middle East (Académicos por la Paz en el Medio Oriente), un mal nombre a lo mejor, que afirma en su sitio web que el “Islam” es una “religión inherentemente antisemita (sic).” No es, como ha reportado el Jerusalem Post, un gran grupo de académicos judíos en Alemania, sino una organización internacional con bases en Australia y California. Son una organización de derecha y como tal parte de una guerra intrajudía. El ex-integrante de su junta Gerald Steinberg es conocido por atacar organizaciones de derechos humanos en Israel así como a Amnistía Internacional y a Human Rights Watch. Su disposición a incluir infracciones de derechos humanos israelíes, aparentemente, también los hace merecedores de la etiqueta “antisemitas”.
Finalmente, no soy un instrumento de ninguna “ONG”: estoy en la junta de consejo de Jewish Voice for Peace (Voz Judía por la Paz), un miembro de la Sinagoga Kehillah en Oakland, California, y un miembro ejecutivo de la Facultad por la Paz Israelí-Palestina en los Estados Unidos y el Teatro Jenin en Palestina. Mis puntos de vista políticos han tratado un gran número de temas, y no se han limitado al Medio Oriente o al Estado de Israel. De hecho, he escrito acerca de la violencia y la injusticia en otras partes del mundo, centrándome principalmente en guerras llevadas a cabo por los Estados Unidos. También he escrito sobre la violencia contra personas transgénero en Turquía, violencia psiquiátrica, tortura en Guantánamo, y acerca de violencia policial contra manifestantes pacíficos en los Estados Unidos, por nombrar unos cuantos. También he escrito contra el antisemitismo en Alemania y contra la discriminación racial en los Estados Unidos.
*Boicot, Desinversión y Sanciones

JUDITH BUTLER:"I AFFIRM A JUDAISM THAT IS NOT ASSOCIATED WITH STATE VIOLENCE"
the Jerusalem Post recently published an article reporting that some organizations are opposed to my receiving the Adorno Prize, an award given every three years to someone who works in the tradition of critical theory broadly construed. The accusations against me are that I support Hamas and Hezbollah (which is not true) that I support BDS (partially true), and that I am anti-Semitic (patently false). Perhaps I should not be as surprised as I am that those who oppose my receiving the Adorno Prize would seek recourse to such scurrilous and unfounded charges to make their point. I am a scholar who gained an introduction to philosophy through Jewish thought, and I understand myself as defending and continuing a Jewish ethical tradition that includes figures such as Martin Buber and Hannah Arendt. I received a Jewish education in Cleveland, Ohio at The Temple under the tutelage of Rabbi Daniel Silver where I developed strong ethical views on the basis of Jewish philosophical thought. I learned, and came to accept, that we are called upon by others, and by ourselves, to respond to suffering and to call for its alleviation. But to do this, we have to hear the call, find the resources by which to respond, and sometimes suffer the consequences for speaking out as we do. I was taught at every step in my Jewish education that it is not acceptable to stay silent in the face of injustice. Such an injunction is a difficult one, since it does not tell us exactly when and how to speak, or how to speak in a way that does not produce a new injustice, or how to speak in a way that will be heard and registered in the right way. My actual position is not heard by these detractors, and perhaps that should not surprise me, since their tactic is to destroy the conditions of audibility.
I studied philosophy at Yale University and continued to consider the questions of Jewish ethics throughout my education. I remain grateful for those ethical resources, for the formation that I had, and that animates me still. It is untrue, absurd, and painful for anyone to argue that those who formulate a criticism of the State of Israel is anti-Semitic or, if Jewish, self-hating. Such charges seek to demonize the person who is articulating a critical point of view and so disqualify the viewpoint in advance. It is a silencing tactic: this person is unspeakable, and whatever they speak is to be dismissed in advance or twisted in such a way that it negates the validity of the act of speech. The charge refuses to consider the view, debate its validity, consider its forms of evidence, and derive a sound conclusion on the basis of listening to reason. The charge is not only an attack on persons who hold views that some find objectionable, but it is an attack on reasonable exchange, on the very possibility of listening and speaking in a context where one might actually consider what another has to say. When one set of Jews labels another set of Jews “anti-Semitic”, they are trying to monopolize the right to speak in the name of the Jews. So the allegation of anti-Semitism is actually a cover for an intra-Jewish quarrel.
In the United States, I have been alarmed by the number of Jews who, dismayed by Israeli politics, including the occupation, the practices of indefinite detention, the bombing of civilian populations in Gaza, seek to disavow their Jewishness. They make the mistake of thinking that the State of Israel represents Jewishness for our times, and that if one identifies as a Jew, one supports Israel and its actions. And yet, there have always been Jewish traditions that oppose state violence, that affirm multi-cultural co-habitation, and defend principles of equality, and this vital ethical tradition is forgotten or sidelined when any of us accept Israel as the basis of Jewish identification or values. So, on the one hand, Jews who are critical of Israel think perhaps they cannot be Jewish anymore of Israel represents Jewishness; and on the other hand, those who seek to vanquish anyone who criticizes Israel equate Jewishness with Israel as well, leading to the conclusion that the critic must be anti-Semitic or, if Jewish, self-hating. My scholarly and public efforts have been directed toward getting out of this bind. In my view, there are strong Jewish traditions, even early Zionist traditions, that value co-habitation and that offer ways to oppose violence of all kinds, including state violence. It is most important that these traditions be valued and animated for our time – they represent diasporic values, struggles for social justice, and the exceedingly important Jewish value of “repairing the world” (Tikkun).
It is clear to me that the passions that run so high on these issues are those that make speaking and hearing very difficult. A few words are taken out of context, their meaning distorted, and they then come to label or, indeed, brand an individual. This happens to many people when they offer a critical view of Israel – they are branded as anti-Semites or even as Nazi collaborators; these forms of accusation are meant to establish the most enduring and toxic forms of stigmatization and demonization. They target the person by taking the words out of context, inverting their meanings and having them stand for the person; indeed, they nullify the views of that person without regard to the content of those views. For those of us who are descendants of European Jews who were destroyed in the Nazi genocide (my grandmother’s family was destroyed in a small village south of Budapest), it is the most painful insult and injury to be called complicitous with the hatred of Jews or to be called self-hating. And it is all the more difficult to endure the pain of such an allegation when one seeks to affirm what is most valuable in Judaism for thinking about contemporary ethics, including the ethical relation to those who are dispossessed of land and rights of self-determination, to those who seek to keep the memory of their oppression alive, to those who seek to live a life that will be, and must be, worthy of being grieved. I contend that these values all derive from important Jewish sources, which is not to say that they are only derived from those sources. But for me, given the history from which I emerge, it is most important as a Jew to speak out against injustice and to struggle against all forms of racism. This does not make me into a self-hating Jew. It makes me into someone who wishes to affirm a Judaism that is not identified with state violence, and that is identified with a broad-based struggle for social justice.
My remarks on Hamas and Hezbollah have been taken out of context and badly distort my established and continuing views. I have always been in favor of non-violent political action, and this principle has consistently characterized my views. I was asked by a member of an academic audience a few years ago whether I thought Hamas and Hezbollah belonged to “the global left" and I replied with two points. My first point was merely descriptive: those political organizations define themselves as anti-imperialist, and anti-imperialism is one characteristic of the global left, so on that basis one could describe them as part of the global left. My second point was then critical: as with any group on the left, one has to decide whether one is for that group or against that group, and one needs to critically evaluate their stand. I do not accept or endorse all groups on the global left. Indeed, these very remarks followed a talk that I gave that evening which emphasized the importance of public mourning and the political practices of non-violence, a principle that I elaborate and defend in three of my recent books:Precarious LifeFrames of War, and Parting Ways. I have been interviewed on my non-violent views byGuernica and other on-line journals, and those views are easy to find, if one wanted to know where I stand on such issues. I am in fact sometimes mocked by members of the left who support forms of violent resistance who think I fail to understand those practices. It is true: I do not endorse practices of violent resistance and neither do I endorse state violence, cannot, and never have. This view makes me perhaps more naïve than dangerous, but it is my view. So it has always seemed absurd to me that my comments were taken to mean that I support or endorse Hamas and Hezbollah! I have never taken a stand on either organization, just as I have never supported every organization that is arguably part of the global left – I am not unconditionally supportive of all groups that currently constitute the global left.To say that those organizations belong to the left is not to say that they should belong, or that I endorse or support them in any way.
Two further points. I do support the Boycott, Divestment, and Sanctions movement in a very specific way. I reject some versions and accept others. For me, BDS means that I oppose investments in companies that make military equipment whose sole purpose is to demolish homes. It means as well that I do not speak at Israeli institutions unless they take a strong stand against the occupation. I do not accept any version of BDS that discriminates against individuals on the basis of their national citizenship, and I maintain strong collaborative relationships with many Israeli scholars. One reason I can endorse BDS and not endorse Hamas and Hezbollah is that BDS is the largest non-violent civic political movement seeking to establish equality and the rights of self-determination for Palestinians. My own view is that the peoples of those lands, Jewish and Palestinian, must find a way to live together on the condition of equality. Like so many others, I long for a truly democratic polity on those lands and I affirm the principles of self-determination and co-habitation for both peoples, indeed, for all peoples. And my wish, as is the wish of an increasing number of Jews and non-Jews, is that the occupation come to an end, that violence of all kinds cease, and that the substantial political rights of all people in that land be secured through a new political structure.
Two last notes: The group that is sponsoring this call is the Scholars for Peace in the Middle East, a misnomer at best, that claims on its website that “Islam” is an “inherently anti-semetic (sic) religion.” It is not, as The Jerusalem Post has reported, a large group of Jewish scholars in Germany, but an international organization with a base in Australia and California. They are a right-wing organization and so part of an intra-Jewish war. Ex-board member Gerald Steinberg is known for attacking human rights organizations in Israel as well as Amnesty International and Human Rights Watch. Their willingness to include Israeli infractions of human rights apparently makes them also eligible for the label, “anti-Semitic.”
Finally, I am not an instrument of any “NGO”: I am on the advisory board of Jewish Voice for Peace, a member of Kehillah Synagogue in Oakland, California, and an executive member of Faculty for Israeli-Palestinian Peace in the US and The Jenin Theatre in Palestine. My political views have ranged over a large number of topics, and have not been restricted to the Middle East or the State of Israel. Indeed, I have written about violence and injustice in other parts of the world, focusing mainly in wars waged by the United States. I have also written on violence against transgendered people in Turkey, psychiatric violence, torture in Guantanamo, and about police violence against peaceful protestors in the U.S, to name a few. I have also written against anti-Semitism in Germany and against racial discrimination in the United States.

Esta respuesta de Judith Butler a un artículo del Jerusalem Post ha sido publicado en la web European Graduate School y traducida al castellano por Natalia Lozano y Sergio Andrés Rueda.